Zombicide Fan Fiction Episodio 02 Prologo Amy
La noche anterior, después de escapar de la Abominación, habíamos llegado a un barrio residencial con pequeñas casas unifamiliares. Ninguna de ellos parecía convencer a Phil hasta que finalmente encontramos una casa más grande, de dos plantas, con jardín.
– “Esta nos servirá.” – afirmó el policía.
– “¿Por qué tiene jardín? ¿No sería mejor una que también tuviera piscina?” – el cansancio me volvía más sarcástica.
– “No” – replicó Phil con calma – “en la época en que se construyó esta casa era muy típico hacer una pequeña buhardilla sobre la segunda planta.”
Asentí.

– “Normalmente esas buhardillas eran accesibles con unas escaleras plegables que quedan ocultas en el techo mientras no están en uso” – sabía de lo que me estaba hablando – “No creo que los zombis sean capaces de alcanzar las escaleras y subir por ellas. En la guardilla estaremos a salvo.”
El razonamiento me pareció totalmente correcto. Sonreí.
Cruzamos el jardín y entramos en la casa intentando hacer el menor ruido posible. Comprobamos que no había ningún zombi en la planta y subimos las escaleras, que desembocaban en un pequeño distribuidor con tres salidas.
La puerta que quedaba frente a las escaleras llevaba a una habitación de matrimonio. Phil miró hacía el techo.
– “¡Ahí está!” – cogió un pequeño cordón e hizo descender una escalera.
Subí por la escalera. Arriba había trastos, mucho polvo y nada útil.
– “Esto esta lleno de polvo” – le comenté a Phil.
Oí ruidos extraños en la habitación, corrí a mirar por las escaleras. Phil cargaba el colchón de la cama. Lo subió con dificultades.
– “Así podrás dormir un poco” – me dijo al dejarlo en el suelo.
– “¿Y tú?” – repliqué yo.
– “No te preocupes. Haré guardia. Seguro que encuentro alguna silla o sillón en que recostarme. Deberías descansar. Mañana será un día complicado.”
– “Tienes razón” – me desplomé como un fardo sobre el colchón – “estoy destrozada. Buenas noches Phil.”
– “Buenas noches Amy.”

Me desperté temprano, aunque ya había amanecido. Todo seguía tranquilo en la guardilla.
Me giré, sin levantarme, para ver donde estaba Phil. Hacía guardia junto a la ventana. ¿Se había pasado así toda la noche? Era bastante probable.
– “Buenos días Phil” – dije perezosamente – “¿Has dormido algo?”
– “Buenos días Amy. Sí, algo.”
Me incorporé y busqué alguna golosina en mi bolso. Tenía un sabor de boca horrible.
– “¿Cuáles son nuestros planes para hoy?” – pregunté curiosa.
– “Deberíamos volver a tu piso, seguramente Doug y Wanda harán lo mismo. Nos encontraremos allí.”
– “¿Y sí no aparecieran por casa? – seguí interrogando al policía.
– “Entonces intentaremos encontrar su rastro.”
Después de prepararnos adecuadamente abandonamos la casa. En la calle, un solitario caminante nos divisó, o nos detectó, o lo que sea que hagan los zombis para saber que estábamos ahí, y avanzó en nuestra dirección.
Enarbolé el hacha. Phil hizo un gesto para detenerme. Cogió una piedra de tamaño considerable y la lanzó hacía un lado de la calle, produciendo un violento ruido al caer. El zombi corrigió su trayectoria para moverse hacía el sonido.
Phil me hizo un gesto y continuamos nuestro camino, dejando al zombi en busca de la piedra.
– “Deberíamos hacer el menor ruido posible y ahorrar munición, no me quedan demasiadas balas.”
Continué caminando detrás de Phil. Reventarle la cabeza al zombi con la piedra hubiera sido igual de silencioso y barato, pero una solución mucho más definitiva que dejar al zombi paseando por ahí. Sin embargo no dije nada, era demasiado temprano para discutir.
Nos movimos furtivamente por las calles, evitando o distrayendo a todos los caminantes que veíamos, sin enfrentarnos con ninguno. Avanzar en una dirección concreta se hacía mucho más complicado. Tras un buen rato zigzagueando por las calles, llegamos a mi edificio.
La puerta estaba abierta, como Phil me hizo notar con un gesto. Entramos sigilosamente y nos dirigimos a las escaleras. En nuestro camino se cruzó un caminante.
Phil le pegó un culatazo con la pistola, impactando en la mandíbula del pobre zombi, que perdió varios dientes y cayó al suelo.
– “¡Corre! ¡Sube las escaleras!” – me dijo el agente. Obedecí. Phil no remató a la criatura y subió detrás mío.
Entramos en mi piso. Parecía tranquilo, pero escuchaba algún ruido no familiar que venía de mi cuarto. Al abrir la puerta de la habitación, una nueva sorpresa.
Gregg, el inquilino del ático, había vuelto al inmueble, y ahora era un zombi gordo y asqueroso que estaba destrozando mis cosas. Phil le pegó cuatro tiros antes de que la cosa se diera cuenta de que estábamos allí. El zombi gordo se giró hacía nosotros, no parecía muy afectado por los balazos. Phil me miró con cierto asombro reflejado en su cara.
– “¡¡¡Ahhhh!!!” – me abalancé sobre el asqueroso gordo de un salto, levantando el hacha sobre mi cabeza.
El monstruo intentó torpemente moverse para encararme y antes de tocar el suelo descargué el arma con todas mis fuerzas en un ángulo descendiente directo al exterior de su rodilla izquierda. El impacto casi secciona completamente la pierna, rompiendo tendones y hueso.
Con todo ese peso y una sola pierna la criatura no pudo mantenerse en pie y de derrumbó estruendosamente en el suelo.
– “Uuggghhhh…” – balbuceaba.
Desde el suelo el gordo gimoteaba mientras estiraba los brazos intentando atraparme inútilmente. Un nuevo hachazo y su cabeza se partió por la mitad. Me volví hacía Phil.
– “Es como talar un árbol” – sonreí sin reparar en las manchas de sangre.
– “De acuerdo, bajo ningún concepto tocaré tus cosas” – bromeó.
Miré lo que quedaba de lo que un día fue mi habitación. Estaba todo destrozado. Chuté dos o tres libros que había por el suelo. Miré en el armario y busqué los desperdigados cajones. Casi todo inservible.
– “No podemos quedarnos aquí. Pueden haber más zombis en el edificio, y mis disparos atraerán todavía a más cosas de esas.
– “Sí. Aquí no hay mucho más que hacer” – me agaché y recogí una foto arrugada de un marco roto. La guardé en un bolsillo y salí de la habitación.
Volvimos al exterior. Seguí a Phil mientras nos movíamos cautelosos por las sombras de los edificios.
Dimos un pequeño rodeo, esquivando todas las calles en las que veíamos algún caminante. Finalmente llegamos a la avenida, frente a la pizzeria.
– “Doug hizo una buena masacre” – dije mientras observaba un montón de cuerpos de zombis yacían en la acera – “Por ahí también hay más.”
Phil asintió.
– “Manténte muy atenta mientras estemos por aquí. Frankie y sus amigos podrían aparecer en cualquier momento.”
– “¿Frankie…?” – cerré la boca a media pregunta. Sin duda se refería a la Abominación, me había olvidado de ella.
Phil caminó hasta el centro de la avenida, se paró, y dio un par vueltas sobre si mismo, se quedó quieto un minuto, mirando alrededor. Se puso de cuclillas, se tocó la barbilla con la mano (derecha), y se volvió a poner en pie. Luego volvió a caminar, situándose cerca de una pila de cadáveres. Miró la calle arriba y abajo e inició una breve carrera. Paró poco después. Se volvió hacia mi con una sonrisa.
– “¿Y bien?” – no estaba entendiendo nada.
– “Creo que están vivos” – contestó.
– “¡Guay! ¡De puta madre! ¿Y dónde están?” – pregunté ansiosa.
– “No tengo ni idea” – Phil seguía sonriendo. Lo miré perpleja.
Phil correteó hacía el centro de la avenida.
– “Doug estaba aquí, con sus dos sub-fusiles, cuando Frankie y sus colegas salieron buscando jaleo de la pizzeria. Doug disparó, masacrando a los zombies, como muy bien has señalado” – mientras lo explicaba, iba disparando con los dedos representando la acción de Doug.
– “Entonces” – continuó el policia – “aparecieron más zombis por detrás” – se giró mientras seguía interpretando sus palabras como si fuera un actor de teatro – “Doug siguió disparando, y también los mató.”
Aplaudí ante tan magistral actuación. Phil me hizo un gesto para que esperara.
– “Sin embargo, por desgracia para Doug, Frankie no había caído, y se acercaba muy peligrosamente. Doug reculó” – dio unos graciosos pasos hacía atrás, a la pila pequeña de cadáveres – “desde aquí siguió disparando… y luego de alguna manera… huyó” – las últimas palabras iban acompañadas de un gesto muy cómico encogiendo los hombros con las palmas de las manos hacía arriba.
– “¿Ya está? ¿No puede ser?” – tenía que haber algo más, ¿por qué tenía la certeza de que estaban vivos?
Phil comprobó que no aparecía ningún caminante por la avenida para importunarnos y volvió a corretear hacía otra pila de cadáveres.
– “Poco después llegó Wanda, que se paró justo aquí, posiblemente tan sorprendida como tú lo estabas antes” – seguía sonriendo, seguro que pensaba en Doug.
Puse cara de incredulidad, bueno, lo que yo creo que es mi cara de incredulidad.
– “Por algún motivo” – continuó explicando – “Wanda no volvió con nosotros, sino que siguió por esta calle y giró por esa esquina” – mientras lo decía señalaba con el dedo un rumbo por el suelo. – “Creo que ese motivo era Doug” – concluyó su explicación.
– “Espera, ¿y tú como sabes todo eso?” – estaba sorprendida – “CSI no es de mis favoritas, ¿sabes?” – no esperaba que cogiera el chiste.
– “Resumiendo. Lo de Doug, por los casquillos que hay esparcidos por la calle y por los cadáveres de los caminantes. Lo de Wanda, por qué cuando se detuvo junto a los cadáveres se manchó una de las ruedas de sus patines con sangre, y fue dejando un rastro que gira la esquina.”
– “¿Entonces fueron por allí?” – señalé el camino – “¿a qué esperamos?”
El policia hizo un gesto de asentimiento y nos dirigimos, armas en mano, hacía el corner de la avenida.
– “Sigamos el rastro despacio” – dijo Phil – “no querría perderme alguna pista.”
Yo iba delante, siguiendo el rastro que había dejado Wanda. Era fácil reconocerlo si sabías lo que buscabas.
Giramos la esquina y continuamos avanzando un centenar de metros. Poco después la traza giraba a la izquierda y se internaba en un callejón. Le hice un gesto a Phil.
– “No he visto nada especial hasta ahora. Sigamos por el callejón.”
Por desgracia, pocos metros después del nuevo giro nos encontramos con un charco de aguar en la calle.
– “¡Maldición! El rastro se pierde aquí” – la cara del policía se torció en un gesto de disgusto.
– “Entonces, ¿ahora que hacemos?” – pregunté.
– “Este barrio no es seguro. No tenemos demasiada municiones ni demasiadas provisiones. Larguémonos de aquí. Necesitamos encontrar un refugio.”
– “Podemos ir a tu casa” – dije sin pensar. Phil puso cara de sorpresa – “¡Ey! No te pienses nada raro, no es ninguna proposición indecente ni nada por el estilo.”
Todavía con semblante confuso, Phil se miró a si mismo de arriba a bajo. Examinó su rota camisa y miró alrededor, como intentando orientarse.
– “Sí. Debería cambiarme de ropa. Si el jefe James me viera con estas pintas seguro que me suspendía de sueldo un mes” – una sonrisa se dibujó en su cara al acordarse de su superior – “También necesito munición.”
– “Teniendo en cuenta que recibiste un ataque zombi…” – contesté.
– “No. Para el jefe James no existen circunstancias atenuantes, solo hechos. Según él, los hechos son lo que define a las personas.”
– “No le falta razón. Pero a veces suceden cosas imposibles…” – hice un gesto con las manos señalando el loco mundo que nos rodeaba. Phil se encogió de hombros.
– “Ok. Pongamonos en marcha. Tenemos que cruzar media ciudad.”
– “De acuerdo, pero, ya que estamos aquí… antes de ir hacía allí… podíamos comprobar si hay algo de interés en esa tienda” – mientras lo decía señalaba un comercio a sus espaldas.
– “¿Más provisiones? – Phil se giró en la dirección que le había indicado – “Espera un momento, ¿Sephora?” – dijo con cara perpleja.
– “No, no quiero explicar por qué tenemos que saquear la tienda de cosméticos.” – me di media vuelta y con paso decidido me encaminé hacia el edificio.

Fatty

02
(Prólogo)