wanda
Hacía unos días Ned había contactado con otro superviviente por radio. Por un momento tuve la esperanza de que se tratara de Phil, pero era otro tipo, siempre he sido muy mala para recordar nombres.
Según entendí de lo que el chalado nos dijo, el superviviente que habló con él intentaba conseguir un vehículo con gasolina y provisiones suficientes para llegar a una ciudad al sur llamada Switch City. Por lo visto, era una ciudad con una central eléctrica donde los supervivientes habían conseguido que las cosas todavía funcionaran. No estaba segura de que eso fuera posible, pero no perdíamos nada por intentar comprobarlo. Además, encontrar provisiones en el centro de la ciudad cada vez se estaba volviendo más complicado.

Durante las primeras horas de la infección, todo el mundo corrió a los centros comerciales para conseguir comida. Un gran error. Los lugares públicos estaban atestados de zombis.
Hemos llegado a uno de estos centros de la periferia. Hasta ahora, todo el que ha entrado no ha hecho sino incrementar el número de infectados. Hoy nos toca a nosotros superar el miedo a las multitudes. Hemos acabado lo que nos quedaba de provisiones y tenemos que prepararnos para el viaje. No tenemos elección… pero tenemos experiencia y trabajo en equipo.
Aparcamos los coches junto a las entradas laterales del edificio, alguien se había tomado las molestias de bloquearlas.
En el parking se veían pequeños grupos de caminantes dispersos. Nos reunimos frente a al entrada principal, una gran puerta doble que también estaba bloqueada.
– “¿Cuál es el plan?” – preguntó Josh, impaciente como siempre.
– “Nos separaremos” – explico Ned – “uno deberá quedarse fuera y entretener a los zombis del exterior, manteniendo una ruta de escape. El resto se encargará de entrar en el edificio, eliminar los infectados del interior y recoger lo que necesitamos.”
– “Yo me encargaré del exterior” – afirmé con seguridad – “iré a por el coche.”
– “Antes de que te vayas” – intervino Doug – “nosotros entraremos por la puerta del norte, e intentaremos cruzar el edificio. ¿Nos vemos en la puerta del sur?” – preguntó.
– “Allí nos vemos” – sonreí y rápidamente me alejé de los chicos.
Al girar la esquina los perdí de vista. Un caminante solitario estaba entre yo y el coche. Se suponía que tenía que ‘distraer’ a los zombis de aquí fuera ¿no? Saqué la pistola y le pegué un tiro en la cabeza. Eso seguro que atraería a unos cuantos.
Llegué junto al coche. No se veía a nadie en la calle, aproveché para comprobar las armas. Tres pistolas cargadas y varios cargadores preparados. Seguramente me iban a hacer falta.
Supuse que los chicos ya habrían llegado al otro lado. Era hora de empezar la distracción. Me subí en el coche y encendí el motor, revolucionándolo y haciéndolo rugir. Avancé lentamente por la calle.
Cuando estaba a unos veinte metros de la esquina empezaron a aparecer zombis por ella. Toqué el claxon para llamar todavía más su atención y reculé poco a poco unos cuantos metros. Los caminantes me siguieron como en una procesión.
Frené, posé primera y aceleré a fondo. Mi embestida arrolló a los caminantes que tenía más cerca. Era muy extraño ver que no intentaban apartarse de mi camino. Cuando estaba casi al final de la calle frené en seco, cogí rápidamente las pistolas y descargué los cargadores contra todo lo que se movía.
Miré por el retrovisor. Los zombies que todavía se podían poner en pie después de que los atropellara ya se estaban incorporando. Dejé las pistolas en el asiento, puse la marcha atrás y volví a pisar a fondo. Impactar era más difícil conduciendo marcha atrás y costaba mantener el control del vehículo cuando pasabas sobre cadáveres.
Volvía a estar al principio de la calle, junto a la puerta por donde esperaba que salieran mis amigos. De momento no había ninguna señal de ellos.
Decidí dar otra vuelta. Esta vez iría hasta el parking. Aceleré a fondo y pasé sobre los despojos de los zombis que ya había atropellado. Una nueva oleada se acercaba a la esquina. Aceleré el vehículo y lo hice frenar encima de ellos, arrollando todos los que encontré a mi paso. Rápidamente gire el volante e hice acelerar el coche. Llegué hasta el parking. Era una zona más abierta donde podría dar la mejor vuelta y coger más velocidad.
Para mi sorpresa, los zombis no me seguían. Los ruidos de disparos que ahora sonaban dentro del edificio parecían interesarles mucho más que yo. Parecía que los chicos tenían problemas. Era hora de volver a la puerta.
De nuevo volví a la puerta sur del centro comercial, arrollando tantos zombis como fui capaz en mi camino de regreso.
Lancé una mirada impaciente. Sin cambios. Seguían sonando disparos en el interior del edificio, diría que estaban más cerca. Los espejos me advirtieron de que los zombis ya se estaban reanimando y reagrupando.
Dí la vuelta al vehículo y me puse a disparar a los zombis más cercanos. Así los chicos también sabrían donde estaba yo.
La calle se estaba volviendo a llenar de podridos, mejor hacía ronda de limpieza. Aceleré a fondo y mantuve con firmeza el volante hasta el final de la calle, arrollando cuanto me encontraba a mi paso. Al llegar al fondo frené, puse la marcha atrás y aceleré hasta regresar al sitio donde había empezado.
Justo cuando estaba pensando que los chicos tardaban demasiado y barajaba la opción de ir a por ellos, la puerta se abrió. Para ser exactos, lo que quedaba de puerta. Doug fue el primero en salir. Llevaba una caja de botellas de agua en las manos.
– “¡Wanda! Tenemos que cargar, ¿puedes traer el coche?” – dijo el oficinista.
Acerqué el coche todo lo posible a la entrada, lo frené y me baje sin parar el motor. Le abrí el maletero a Doug que rápidamente dejo en él la caja.
– “Hemos encontrado muchas provisiones” – me explicó Doug – “¿Cómo ha ido por aquí fuera?”
– “Bien” – respondí haciendo un gesto hacía la calle – “Ya empezaba a estar preocupada. Os ayudaré a cargar.”
Me dirigí hacía el interior del edificio. Ned salió con el rifle colgado en la espalda y cargando una caja llena de latas de comida. El viejo estaba en forma para su edad.
– “Hacía la derecha está la zona de alimentación” – me dijo con una medio sonrisa.
Entré en el edificio. Estaba en penumbra, entraba algo de luz por unos ventanucos, muy arriba cerca del techo. Mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a las condiciones de luz. Frente a mí, aunque no lo podía ver, Josh disparaba a algún zombi.
Patiné hacía la derecha, tal como me había indicado Ned, y rápidamente llegue a la sección de alimentación. Pronto descubrí varios sacos de arroz.
– ¡Que bien! ¡Me encanta el arroz!” – exclamé en voz alta para mi misma mientras cogía unos cuantos sacos.
Volví patinando hasta el Cadillac. Ned disparaba con el rifle al fondo de la calle.
– “También hay corredores” – dijo mientras miraba a través de la mira.
Doug estaba cargando más agua. Yo dejé los sacos que llevaba. Todo parecía bastante controlado. Lo parecía.
De unas alcantarillas que no habíamos visto a nuestras espaldas surgió un puto gordo con su escolta de caminantes. Nos pilló por sorpresa.
Antes de que pudiéramos reaccionar se nos echaron encima. Un caminante le dio un zarpazo a Ned en el brazo mientras el otro se abalanzaba contra Doug. El gordo, más torpe, se encaminó hacía mi.
– “¡MALDITO HIJO DE PUTA!” – exclamó el viejo al resultar herido.
Superado el desconcierto inicial, no tardamos en acabar con los zombis. Ned le reventó la cabeza a su partener de un culatazo y antes de que Doug o yo pudiéramos disparar, Josh apareció y partió, literalmente, al gordo y al podrido que quedaban con una motosierra.
– “¿Llego tarde?” – preguntó el joven, ahora cubierto de sangre.
Me giré. La calle volvía a estar atestada de zombis.
– “Necesito un arma más grande” – estaba furiosa.
– “Ten. Prueba con esto” – me dijo Ned mientras me ofrecía un encendedor y ¿un cocktail molotov?
– “Y esto… ¿de dónde ha salido?” – pregunté sorprendida.
– “Bueno, esto es un súper. Coges esto por aquí, esto por allá… se añade un poco de lejía y ¡BANG! Je je je…” – dijo el veterano. Me fijé en que sangraba. Estaba herido.
– “Vale, ¿y esto como funciona?” – volví a interrogar a Ned. Preferí no preguntarle en ese momento por su estado.
– “Fácil. Te acercas. Lo enciendes y en dos segundos se lo tiras a esos jodidos zombis” – respondió el anciano con una sonrisa.
– “Entendido. Ahora vuelvo” – sonreí al abuelo.
Patiné rápida, moviéndome ágilmente entre los primeros caminantes que encontré. Encendí el cocktail mientras me acercaba al grupo más numeroso y lo lancé sobre ellos. Impactó provocando una explosión y una gran llamarada. Seguro que los zombis estarían sorprendidos si eso fuera posible. Sus gritos se intensificaron cuando empezaron a arder. No tardó en llegarme el olor de carne quemada.
– “Parece que el viejo sabe lo que hace” – exclamé sorprendida.
Volví patinando junto a mis compañeros.
– “Bien. ¿Nos largámos ya?” – pregunté impaciente.
– “No” – respondió Ned – “Todavía quedan muchas provisiones dentro. No tendremos otra oportunidad como esta. Aprovechemos el tiempo que hemos ganado ahora y carguemos el coche hasta arriba.”
– “Ok. Como quieras viejo. Tu guarda la calle. El resto, no perdamos el tiempo” – dijo Josh.
Volvimos al interior del edificio.
– “Tengo que hacer una cosa. No tardo” – dije a los chicos.
– “¿Dónde vas?” – preguntó Doug, preocupado.
– “Tengo que pasarme por la sección de droguería y cosmética” – Doug se puso rojo al entender lo que quería decir. Sonreí.
No tardé en encontrar lo que buscaba. Cogí un montón de cajas de tampones, un par de desodorantes bastante neutros, una crema hidratante para la cara y una botellita de colonia que era muy cuca y me hizo mucha gracia.
Cargamos todo lo que pudimos tan rápido como fue posible.
Ned y Josh se sentaron detrás. Doug se situó junto al asiento del conductor. Entré en el coche. Una nueva oleada de caminantes estaba avanzando por la calle hacía nosotros. Algunos se incendiaban al pasar sobre los todavía ardientes restos de la oleada del cocktail.
– “Abrochaos los cinturones chicos” – advertí mientras ponía la marcha atrás.
Hice recular el vehículo hasta el fondo de la calle. Iba a necesitar toda la velocidad que pudiera conseguir si quería romper el muro de zombis que se nos aproximaba.
Puse la primera y pisé a fondo. El Cadillac salió disparado con el rugido de su potente motor. Aguanté firmemente el volante con las dos manos mientras íbamos impactando con los podridos que nos encontrábamos en el camino. Al acercarnos a la esquina solté el acelerador, giré el volante y pisé el freno y el acelerador al mismo tiempo, haciendo patinar el coche de lado. El chirrido de protesta de los neumáticos era amortiguado por los impactos contra los caminantes, que salían proyectados al ser alcanzados por casi 2000 kilos de peso girando furiosos.
– “A eso lo llamo yo estilo” – dijo Josh a modo de halago. No le presté demasiada atención.
Volví a acelerar y giré al llegar frente a las puertas principales del centro comercial, todavía bloqueadas.
Ya habíamos dejado a la mayoría de los podridos atrás. Aceleré una vez más y como una exhalación salimos del parking del centro comercial. Un nuevo giro a la izquierda y ya estábamos en la carretera.
– “¡Muy bien chicos! ¡Misión cumplida! ¿Estáis bien?” – pregunté, preocupada una vez pasada la tensión del momento.
– “Sobreviviremos, no te preocupes” – respondió Ned con una sonrisa.
Giramos a la derecha para coger la incorporación a la estatal.
– “Switch City… ¡allá vamos!” – dije animada.
Miré por el espejo retrovisor. Contemplé en el reflejo el skyline de la ciudad que hasta ahora había sido mi único hogar. Siempre había soñado en abandonar la ciudad en un Cadillac, pero nunca pensé que sería así. El Apocalipsis zombi había destruido o transformado nuestros sueños, si es que todavía seguíamos soñando. Unas lágrimas asomaron en las comisuras de mis ojos. Volví a mirar por el retrovisor. Atrás quedaban mis recuerdos, mi pasado, mi casa, mi familia, mis amigos, mi vida. Mis anhelos y esperanzas. “Algún día volveré a buscarlos, a buscarme” me dije a mi misma.
El sol se ponía a nuestra derecha. El cielo enrojeció, era un ocaso precioso. Los chicos, agotados, dormían tranquilos. Sonreí y seguí conduciendo…

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