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Doug tiene un sueño. Antes del apocalipsis zombi, solía pasar mucho tiempo con el dueño de una pequeña tienda de armas. El tipo le habló a Doug sobre un subfusil personalizado que hace soñar despierto a nuestro colega superviviente. Doug no está seguro de si su amigo tenía el arma en su tienda o si por el contrario solo había oído hablar de ella, pero él quiere ir allí y echar un vistazo sea como sea. No tenemos ningún motivo para negarnos. ¡Saquear una tienda de armas! ¡Ya es Navidad!

Por desgracia, Doug no tiene demasiada información. Suponemos que la tienda no estará abierta, y probablemente contará con unas puertas fuertes que un hacha o una palanca no podrán tumbar. Necesitaremos la llave del armero, que probablemente esté en su casa. Al menos, Doug conoce el edificio en el que vivía su amigo.
Qué no daríamos por un enorme montón de armas.

En nuestra primera aproximación reconocimos el terreno. Tal como sospechábamos, la puerta de la armería estaba cerrada e íbamos a necesitar la llave. Por suerte el armero vivía en uno de los apartamentos del enorme bloque de pisos que había frente a su negocio. En la avenida también había un par de coches sin gasolina. Nosotros nos encontrábamos en un pequeño almacén que habíamos asegurado y que nos permitía controlar la calle.
– “Entonces… ¿no sabes dónde vivía?” – volvió a preguntar Josh.
– “No exactamente” – repitió el oficinista – “vivía en ese bloque de apartamentos, pero no recuerdo exactamente donde, solo estuve allí una vez.”
– “¿Y por qué no lo miráis en los buzones? Aunque no sepas el apellido, sabrás el nombre” – claro, estaba suponiendo que hubiera buzones o algo por el estilo.
– “Me parece muy buena idea abuelo” – me dijo Wanda – “vamos chicos, no podemos quedarnos aquí todo el día.”
Salimos del edificio.
Como de costumbre, Wanda patinó más rápido que los demás y no tardó en llegar junto a la puerta del edificio de apartamentos y abrirla. Doug siguió a la rubia y disparó al interior desde el quicio de la puerta. Josh y yo llegamos junto a ellos. Se me ocurrió una idea y me acerqué a uno de los coches.
– “¿Qué haces abuelo?” – me preguntó el pandillero, siempre atento.
– “Vosotros encargaos de encontrar la llave, yo vigilaré y limpiaré la calle. Creo que podré mover esos coches para usarlos de barricada” – respondí mientras llegaba junto al vehículo.
– “Ok. Yo abriré” – dijo el oficinista cogiendo el hacha que le tendía Josh y entrando en el edificio.
– “Tranqui abuelo, esto será entrar y salir” – dijo el joven.
Un segundo después desaparecía en las sombras tras la puerta. La rubia me sonrió y siguió a los demás.
No me costó demasiado mover los coches. No bloqueaban la calle por completo, pero en principio obligaría a los zombis a rodearlo. Tuve que eliminar a algún caminante que aparecía atraído por los disparos que iba haciendo.
Mientras, mis compañeros exploraban el bloque de pisos.
Más tarde me explicaron que no habían tenido demasiadas complicaciones. Algún que otro zombi vagando por los pasillos, seguro que la mitad ni se enteraron de que pasaron por allí. Supuse que habían encontrado lo que querían cuando empezó a sonar una alarma.
– “¡Mierda! ¡Ahora si que estamos jodidos! ¡Esto se va a llenar de podridos!”
Tenía la certeza de que las calles no tardarían en estar repletas con todos los zombis del barrio, atraídos por la jodida alarma.
Tomé posiciones entre los dos coches, frente a la puerta, y empecé a disparar a todo lo que se movía o se acercaba. Wanda fue la primera en salir del edificio. Cargó en carrera contra un caminante cercano.
– “¿Ya tenéis las llaves?” – pregunté.
– “Sí, Doug las cogió y se disparó una alarma” – me respondió la camarera.
– “Jodido armero, ¡hasta muerto nos da problemas!” – la alarma era lo último que necesitábamos.
Doug y Josh salieron del edifico al más puro estilo gangster, pistolas en mano y pegando tiros a diestro y siniestro. Yo me atrincheré en el coche que bloqueaba la calle más cercana a la armería, disparando a los caminantes que venían desde aquella dirección. Wanda avanzó decidida hasta la puerta del negocio y se puso a abrirla.
– “Deja que los que hay dentro salgan… ¡les recibiremos como se merecen!” – le grité a la camarera, que rápidamente volvió hasta mi posición.
– “La puerta estaba bien cerrada y parecía robusta, no creo que haya muchos dentro” – respondió la rubia cuando llegó junto a mí.
– “¡Carguemonoslos a todos!” – el oficinista disparaba sin parpadear a unos caminantes en la esquina.
– “Si me cubrís yo puedo entrar y registrar la armería” – se ofreció el siempre dispuesto Josh.
– “Dalo por hecho chaval” – respondí. Recargué y seguí disparando.
– “Yo limpiaré una vía de escape” – sugirió Doug.
El pandillero se movió como deslizándose sobre la calle hasta desaparecer, como siempre, por la puerta de la tienda. El resto disparábamos sin pausa para mantener a ralla a los jodidos caminantes.
Después de unos minutos de fuego intenso vimos salir al joven cargado por la puerta, disparando con un subfusil, ¿sería el sueño de Doug?
La alarma seguía sonando y más zombis aparecían a cada minuto que pasaba. Tal como había prometido, el oficinista había abierto un paso de vuelta hacía nuestro refugio.
– “No entréis en el almacén, hay demasiados zombis y sería una ratonera” – advirtió el contable – “¡sigamos adelante!”
– “Con esto será más fácil” – dijo Josh, junto a nosotros, entregándonos armas y munición – “Lo siento Doug, esta Uzi era el único subfusil que encontré” – dijo entregándole el arma al oficinista.
– “Creo que será más que suficiente” – sonrió el contable con su arma nueva, disparando una ráfaga a los caminantes más cercanos.
No nos fue demasiado difícil franquearnos un paso hasta la esquina siguiente.
– “Esta calle parece tranquila” – anunció la patinadora, siempre un paso por delante.
– “¿Pues a qué esperamos? ¡Corred! Dejaremos atrás a esos apestosos” – indiqué empezando la carrera.
No tardamos en perdernos por las calles de la ciudad…

Zombicide Fan Fiction Episode A4 - Ned

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