phil
– «¿Falta mucho? ¡Me aburro!» – dijo por enésima vez Amy. Sabía que estaba imitando a uno de los Simpson, pero no estaba seguro de sí era Bart o Hommer.
– «No. Ya casi estamos. Cuando giremos la esquina ya veremos el edificio» – respondí haciendo un acopio de paciencia.
Avanzamos un centenar de metros y torcimos en el chaflán.

– «¡Ey! ¡Eso es la comisaría!» – protestó Amy.
– «Sí. Hogar dulce hogar. Antes casi vivía aquí. Se podría decir que sólo iba a casa a dormir.»
– «¿Adicto al trabajo?» – preguntó Amy.
– «Algo así, supongo.»- repliqué.
Aunque no se veían caminantes por la calle nos acercamos al edificio con cautela.
– «Entraremos por aquí» – hice un gesto señalando la entrada del parking. El portón estaba abierto. Las luces todavía funcionaban y estaban encendidas.
Bajamos la rampa que conducía al nivel inferior del inmueble y no tardamos en descubrir por qué estaba iluminado, un par de caminantes se encaminaron hacía nosotros. Dos disparos bastaron para acabar con ellos.
– «No deberíamos haber hecho ruido, atraeremos a muchos más» – me increpó Amy.
– «No te preocupes» – dije mientras me apresuraba en cerrar el portón – «No creo que puedan entrar por aquí» – su mueca me ayudó entender que no estaba demasiado convencida.
La planta del aparcamiento estaba casi vacía. Sólo quedaban dos vehículos. Una moto y un coche.
– «¡Ey! ¡Es el número 3! Este es mi coche patrulla» – dije mientras sonreía.
Rápidamente me acerqué y abrí la puerta del conductor. Comprobé el interior. Tenía las llaves puestas. Arranqué el motor.
– «BRRRR» – volví a girar el contacto.
– «¡Perfecto! Todavía funciona.»
– «No servirá de mucho sin gasolina» – comentó Amy con acritud.
– «No es un gran problema. Tenemos varias latas de gasolina en comisaría para las emergencias» – seguía sin parecer muy convencida.
Subimos por las escaleras que conducían a la oficina. Por suerte la puerta estaba cerrada con llave. Saqué las mias del bolsillo y abrí.
Entramos, todo estaba revuelto, pero parecía que los caminantes no habían llegado hasta aquí. Me apresuré a cerrar con llave la puerta principal.
– «Uggghhhh» – un caminante salía de los baños atraído por nuestro ruido. Amy y yo nos pusimos en guardia.
– «¿Dorothy? ¿Eres tú?»
– «Uggghhhh» – se acercó hacía nosotros.
– «¿La conoces?» – preguntó Amy.
– «Sí. Era Dorothy. La secretaria» – apunté con cuidado y con un tiro limpio Dorothy dejó de existir.
– «Lo siento» – dijo Amy.
Busqué algo con lo que cubrir el cadáver de la pobre Dorothy.
– «¿Qué haces?» – me preguntó Amy.
– «Dorothy era una amiga. Cuando salgamos de aquí la enterraré como merece» – mi respuesta pareció sorprenderla. No contestó.

Entramos en la armería. Estaba prácticamente vacía. Se habían llevado las escopetas, los rifles y las automáticas. Habían abierto los armarios con la llave, así que seguramente habrían sido mis compañeros. Abrí los armarios inferiores. Al menos no se habían llevado toda la munición.
– «Necesitarás cartuchos» – le dije a Amy mientras le pasaba un par de cajas.
– «Gracias» – respondió.
Seguí registrando los armarios buscando cualquier cosas que pudiera sernos útil.
– «No es lo que esperaba, pero nos tendremos que conformar.»
Deposité encima de la mesa varias cajas de munición, un par de linternas y tres ‘walkies’.

Seguimos explorando la comisaría. Llegamos a los vestuarios. Comprobé los grifos y todavía funcionaba el agua.
– «Parece que podremos ducharnos» – comenté.
– «¿De verdad? Genial» – por fin Amy se animaba un poco.
– «Lo ideal sería que hagamos turnos. Así el otro puede vigilar. No queremos zombis en las duchas, ¿verdad?»
– «Buena idea» – respondió – «¡Me pido primera!»
– «Ok. Estaré fuera».
Salí de los vestuarios y me senté ante una de las mesas. Todo seguía tranquilo. Comprobé que todas las puertas estuvieran cerradas. Podía escuchar el sonido del agua cayendo. Me acerqué a la puerta.
– «¿NECESITARÁS UNA MUDA?» – grité.
– «ESO SERÍA MARAVILLOSO» – me respondió Amy.
Entre en los vestuarios, abrí mi taquilla, saqué un uniforme y lo dejé sobre la mesa.
– «Te la he dejado sobre la mesa. Estoy fuera» – dije. Me pareció que contestaba con algún asentimiento.
Esperé un buen rato. Finalmente la puerta del vestuario se abrió.
– «¿Esto es algún tipo de perversión erótica o simplemente una broma de mal gusto?»
Amy iba vestida únicamente con una camiseta negra de manga corta mientras en la mano sujetaba el resto del uniforme con cara de disgusto.
– «Lo siento. Supongo que la ropa policial no es demasiado glamourosa» – respondí.
– «Arrrggghh! Mañana tendrás que acompañarme de ‘compras'» – cerró de un portazo.
Pasó un rato. La puerta del vestuario volvió a abrirse. Esta vez Amy vestía su pantalón corto con las medias de rejilla, la camiseta negra y sus botas. Se había hecho dos coletas y maquillado del blanco fantasmagórico que lucía habitualmente.
– «Tú turno. Estaré aquí mismo.»
– «Gracias Amy» – respondí.
Entré en el vestuario. Me quité la ropa, estaba destrozada. Me miré en el espejo, estaba hecho un asco.
– «AMY, ¿TE IMPORTA SI TAMBIÉN ME AFEITO?» – pregunté.
Pasaron unos segundos.
– «Tranquilo. Tú a tu rollo.» – contestó finalmente sin gritar.
En mi taquilla tenía espuma y una maquinilla. Me embadurné la cara con la espuma y pronto empecé el rasurado. Hacía días que no me afeitaba y tenía más barba de lo normal. Me costó bastante conseguir un buen apurado, y me corté dos o tres veces en el proceso.
Entré en la ducha, giré la maneta roja y dejé que el agua caliente resbalara por mí cuerpo. Pequeñas punzadas de dolor iban señalándome donde tenía rasguños que desconocía por completo.
– «Ahhhhhhh» – suspiré de satisfacción.
Nunca pensé que pudiera valorar tanto una simple ducha.
Después de secarme me vestí con una muda nueva. Comprobé el cargador de la reglamentaria y la puse en el cinto. También comprobé la beretta. Me volví a mirar en el espejo. Esta vez me sentí extrañamente reconfortado.
Abrí la puerta del vestuario. Amy estaba sentada en el suelo, con la pared contra el marco de la puerta.
– «Listo» – dije mientras se giraba hacía mí.
– «Mientras te arreglabas, he estado pensando» – dijo Amy.
– «¿Y qué has pensado?» – pregunté curioso.
– «Esto es una comisaría. Habrá calabozos, celdas, ¿no?»
– «Sí, claro» – contesté – «¿por qué lo preguntas?»
– «Se está haciendo tarde para buscar refugio. Sí las puertas de las celdas todavía funcionan, podríamos pasar la noche aquí.»
– «¿Cómo? ¿En una celda? No se me había ocurrido» – parecía una buena idea.
Conduje a Amy hasta la sala de guardia. Desde aquí las cámaras controlaban las celdas y en el cajón de la mesa estaba la única llave (la única que había en comisaría) que habría las rejas.
Abrí la reja exterior y entramos en el pasillo de las celdas. Las cuatro estaban vacías y cerradas.
– «Aquí podríamos dormir tranquilos» – comentó Amy con una sonrisa.
– «Sí» – respondí – «Cerraremos la reja exterior por lo que pudiera pasar» – añadí.
– «Perfecto» – respondió ella – «Yo me quedo con esta» – y entró en la celda más cercana.

Después de cenar nos fuimos cada uno a nuestra celda.
– «Phil»
– «¿Sí?»
– «Me gusta tú casa. Buenas noches.»
– «Gracias Amy, buenas noches» – sonreí en la oscuridad.
Esta noche, aunque fuera encerrados en el calabozo, podríamos dormir tranquilos…

Walker
03
(Prólogo)