amy
Ya llevamos varios días en la comisaría. No era el lugar más acogedor del mundo, pero al menos podemos dormir tranquilos. Aunque todavía hacemos guardia. Una de las más sanas costumbres en este nuevo mundo es no bajar nunca la guardia.

Phil había salido temprano esta mañana con el coche patrulla. Me había explicado que quería montar nosequé y que iba a buscar las piezas que le faltaban. La verdad es que no le presté demasiada atención. El caso es que no volvería hasta después de comer. Tenía toda la mañana para mí. Creo que no había pasado tanto tiempo sola desde lo de la invasión zombi.
Hoy es Halloween. El mundo se había ido a la mierda y seguramente nadie llevaría la cuenta de la fecha, pero hoy es Halloween. No creo que quede nadie a quien le importe y mucho menos que lo celebre.
Pese a ser una fiesta que no me gustaba, un sentimiento de tristeza me inundó por un momento. Anhelé estar sentada en mi sofa, abrazada a mi manita, viendo una peli que me hiciera llorar.
– “Hoy es Halloween” – me dije a mi misma.
Había tenido una idea. Estaba segura de que Phil no la aprobaría, pero me daba igual.
En un momento preparé todo lo que necesitaba para mi pequeña excursión. “Mi” recortada, con algunas municiones en el bolsillo. No tenía intención de usarla, pero sin duda no iba a salir sin ella; una palanca, por si necesitaba abrir alguna puerta; y una linterna en la mochila, en la mayoría de los edificios no funcionaba la electricidad y no encontraría mucho a oscuras. Me interesaba viajar ligera de equipaje.
Me dirigía a la biblioteca. Tenía un paseo de una horita, pero prefería ir tranquila a la ida y reservar las fuerzas para la vuelta.
Callejeé todo lo necesario, evitando todas las calles en las que veía más de un caminante, y cualquiera en la que hubiera un gordo.
Cuando encontraba alguna calle con un zombi solitario, me acercaba sigilosa, a lo assassin’s creed, y le reventaba la cabeza de un palancazo.
– “No hacía falta que lo hicieras” – me hubiera dicho Phil de estar allí – “lo podías esquivar, ¡te has arriesgado inútilmente!”
– “Cállate Phil, ni siquiera estás aquí” – limpié la palanca en el despojo que quedaba en el suelo.
Tras dar algo más de vuelta de lo esperado, finalmente llegué a la biblioteca.
Había estado aquí muchas veces cuando era estudiante, preparando exámenes.
El edificio estaba mucho peor de lo que yo esperaba. El puerta principal, de doble hoja, estaba abierta. La hoja derecha había desaparecido, y la de la izquierda colgaba desvencijada de una de las bisagras. No tardaría mucho en romperse del todo.
Entré en el edificio lleno de sombras. La luz entraba por las ventanas, en su mayoría rotas, y daban claridad suficiente para mantener las estancias en penumbra.
Me movía sigilosa. Me dirigí a las escaleras y subí a la primera planta. La zona de video estaba en el ala derecha. Di una vuelta rápida y comprobé que no hubiera caminantes cerca. Sólo me encontré con un uno. Fue rápido.
Llegué a la sección de películas. Estaban ordenadas alfabéticamente, y estaban casi todas, parecía que últimamente no hacían muchos prestamos.
– “La ‘P’. ¡Aquí estás!” – No tardé en encontrar la que buscaba. Metí el ejemplar en el bolso.
En un paseo me planté en la zona de reproducción. En una de las mesas, desconecté el reproductor de DVDs, con cuidado de dejar todos los cables en el lado del aparato, y también lo metí en el bolso.
También había pensado en llevarme una tele, pero eran muy grandes para cargarlas por toda la ciudad. Seguro que encontraría alguna más cerca de la comisaría.
Bajé a la primera planta. Por los sonidos sabía que había más zombis en este nivel.
Haciendo el menor ruido posible llegue a la sección de los libros de terror. Recorrí un par de estanterías y no tarde en encontrar algo que me llamó la atención.
– “Frankenstein” – sonreí. Me acordé de Doug y Wanda. Al bolso.
Ya tenía todo lo que quería, hora de volver. Deshice mis pasos, esta vez lo más rápido posible. Me encontré con unos cuantos desgraciados caminantes en mi retorno. Iba con prisa así que dejé escapar unos cuantos.
Antes de llegar a comisaría entré en una vivienda baja, de una planta. Rompí los cristales de la ventana de la cocina y entré por detrás. La casa estaba bastante desordenada, pero fue fácil localizar lo que buscaba. Una tele. Estaba en el mueble del comedor. La desconecté y me la llevé a la habitación. Cogí una sábana y con ella envolví el televisor, atándolo a mi espalda. Así tendría las manos libres. Notaba el peso que tiraba de mis hombros.
De vuelta a la calle. Pegué una carrera hasta la comisaría. Unos trescientos metros, más o menos. Acabé reventada y sin aliento.
Cerré la puerta después de entrar, me desaté la sábana y recuperé el aliento.
Cuando volví a respirar con normalidad, recogí la tele y me fui al despacho. Despejé la mesa, deposité los aparatos y los conecté entre ellos. Después conecté los cables de corriente en los enchufes que había en la pared. No se encendieron los pilotos.
– “¡Mierda! No tenemos luz…” – no había corriente.
Todo mi esfuerzo no había servido para nada. Necesitaba una ducha. Cerré el despacho y fui a mi celda a buscar ropa y una toalla.
Salí de mi celda y me planté en los vestuarios. Atranqué la puerta para no tener invitados sorpresa y me sumergí bajo el agua. No tenía muda limpia, así que me puse la menos sucia. Tendría que pensar en una manera de hacer la colada.
Volví a mi celda y me senté en la cama. Busqué en la bolsa y rescate el libro que había cogido en la biblioteca. Miré bien el ejemplar.
– “Frankenstein, o el Prometeo de los tiempos modernos” – una ilustración en tinta de un frankenstein bastante zombi lucía en la portada. El título aparecía en un recuadro con letras doradas.
No tardé en perderme absorta en la lectura…
– “¿Hola? ¿Amy?” – Phil había regresado. No sabía cuanto tiempo había pasado.
– “¿Eh? ¡Ah! HOLA PHIL, ¡ESTOY AQUI!” – contesté todavía sorprendida.
– “Ya, ya me lo imaginaba” – Phil estaba en la puerta – “¿leyendo? ¿qué lees?” – preguntó curioso.
– “¡Ah! ¿Esto? Frankenstein…” – contesté sin darle importancia.
– “¿Frankenstein? ¿Y de dónde ha salido?” – continuo el policia como si se tratara de un interrogatorio.
– “Bueno, estaba aburrida, así que me fui a dar una vuelta…”
– “¿Y acabaste en la biblioteca? Está a más de una hora de aquí” – contestó.
– “En realidad, fui directamente a la biblioteca” – afirmé – “y me traje un par de cosas más, quería ver una peli, pero no tenemos corriente y mi plan se fue al traste…”
– “¿Cómo? ¿Ver una película?” – el policía parecía sorprendido.
– “Sí, mira, sígueme” – le dije mientras me dirigía al despacho.
Cuando llegamos, abrí la puerta y continué mi explicación:
– “Fui a la biblioteca y me traje la película y el reproductor de DVDs, la tele la cogí de una casa cercana, no creo que el dueño la eche de menos.”
Phil sonreía, parecía divertido, aunque el chiste no había sido tan bueno.
– “Sí, ya lo sé, me he arriesgado inútilmente…” – empecé a decir.
El policía levantó las cejas, perplejo ante mi imitación. Contempló mi obra, miró el reproductor y la pantalla, con cara de asombro.
– “Una tele” – sonrió – “¿crees que darán algún partido?” – bromeó.
– “Ya te he dicho que no tenemos luz ¿te acuerdas?” – respondí.
– “Jejeje. Bueno, verás, eso no es del todo correcto…” – empezó el policía.
– “¿Cómo?” – esta no me la esperaba.
– “El caso es que pensé que sería útil para poder cocinar poder usar el micro-ondas de la comisaría, ¿te acuerdas que te lo dije ayer?” – preguntó.
Francamente, no me acordaba.
– “Sí, sí, claro” – puse mi mejor sonrisa para disimular mi engaño.
– “No importa” – continuó – “he traído unas baterías y un transformador. Están en el maletero del coche. Con eso deberíamos tener corriente.”
Iba de sorpresa en sorpresa.
– “Genial, ¿y a qué esperamos?” – fue todo lo que se me ocurrió.
– “Deberíamos cenar primero” – contestó Phil, como si se esperara la pregunta.
Cenamos y trasladamos los materiales que Phil llevaba en el maletero del coche. Lo pusimos todo en el despacho. Phil se puso a conectar cables. Al cabo de un momento dijo:
– “¿Puedes probar a ver si se enciende?”
– “CLIC” – pulsé el botón – “ggggrrrrr” – el sonido de la niebla televisiva, ya sabéis, cuando ponéis un canal que no está sintonizado.
– “¡FUNCIONA!” – grité llena júbilo. Estaba tan contenta que le di un abrazo y un beso a Phil, como si fuera un oso de peluche.
– “Bien, pero no hace falta que alertes a todos los zombis del vecindario” – sonrió el policía ante mi repentina efusividad.
Nos sentamos en el sofá. Busqué el canal con uno de los mandos y le di al play en el otro. Los títulos de los créditos anunciaron “Pesadilla antes de Navidad”, la película perfecta para Halloween.
– “Gracias Phil” – dije hablando en voz baja, como si estuviéramos en un cine. El policía afirmó en silencio con los ojos clavados en la pantalla.
Me encanta Jack.
Mientras escuchábamos la música de los créditos, miré a Phil y le dije:
– “Deberíamos buscar un refugio más seguro.”
– “¿Más seguro que la comisaría?” – preguntó el policia sorprendido.
– “Claro tonto, ya estamos en comisaría, así que más seguro que la comisaría” – respondí entre carcajadas.
– “¿En qué estás pensando? No se me ocurre nada más seguro que una comisaría en la ciudad” – creo que se estaba haciendo el tonto.
– “Pues, estaba pensando, pensando en un banco…”

Pesadilla antes de Navidad

05
(Prólogo)