phil
No habíamos encontrado ningún refugio seguro después de escapar del banco; al menos, no lo suficiente seguro como para pasar más de una noche.
Mientras vagábamos por la ciudad de casa en casa buscando refugio y alimento nos habíamos encontrado con otros supervivientes: Chaz y Troy, dos tipos bastantes singulares.

Primero nos topamos con Troy mientras saqueábamos un Wall-Mart. Era un tipo alto y moreno. Cuando lo encontramos disparaba a una oleada de caminantes desde uno de los mostradores.
– “¡Hijos de puta! ¡Ya os he dicho que no se aceptan devoluciones!”
Sin que hiciera falta ninguna indicación, Amy y yo nos acercamos por detrás de los zombis y rápidamente los eliminamos.
– “Parece que hemos llegado en el momento oportuno” – sonreí al extraño.
– “Bienvenidos al Wall-Mart. Mi nombre es Troy. ¿En qué puedo ayudaros?”
– “Yo soy Phil, ella es Amy…” –
Cuando señalé a mi compañera Troy la miró con cara de confusión. Parecía desorientado.
– “Tú…” – dijo – “…no eres una bruja, ¿verdad?”
– “¿Cómo?” – Amy respondió sorprendida – “¿te estás quedando conmigo?” – preguntó.
– “No…” – continuó Troy con sus cábalas sin dejar de mirar a Amy – “…eres demasiado joven para ser una bruja. Creo. Lo siento. Con tanto maquillaje te confundí con una bruja.”
La cara de asombro de Amy era indescriptible.
– “No, Amy no es una bruja” – tranquilice a Troy sin poder evitar que se me escapará una sonrisa.
– “Bien. Lo siento” – se volvió a disculpar con Amy – “Gracias por ayudarme con esos zombis chicos. Os debo una” – dijo en un tono mucho más afable.
– “Habíamos venido con la esperanza de encontrar municiones y comida” – le expliqué.
– “Sí quereis estaré encantado de ayudaros” – respondió jovial Troy.
Después del extraño encuentro, Troy nos ayudó a saquear la tienda y se unió a nosotros para buscar un refugio.
 
Al día siguiente conocimos a Chaz. Estaba anocheciendo y nos encontrábamos cerca de un instituto. Aunque se veían algunos zombis, la zona parecía bastante tranquila.
– “Podríamos refugiarnos en el gimnasio” – dijo Amy de pronto – “es un sitio amplio, con pocas entradas y seguro que hay colchonetas. Incluso puede que haya vestuarios con duchas.”
La oferta de las duchas pareció seducirnos a todos. Nos dirigimos al edificio.
Cuando estuvimos más cerca comprobamos que las puertas estaban atrancadas.
– “Si las puertas están cerradas los caminantes no habrán podido entrar” – dijo Amy esperanzada.
– “Igual cerraron las puertas con los zombis dentro para que no escaparan” – corrigió Troy precavido.
– “Será mejor que busquemos otra entrada” – dije yo – “Tal vez podamos entrar sin desatrancar las puertas.”
Para nuestra sorpresa también habían barrado y atrancado las ventanas del edificio. En la parte trasera encontramos otra entrada.
– “Entremos por aquí” – dijo Amy al tiempo que forzaba la puerta.
No aparecieron zombis del interior del edificio. No se escuchaba nada. Entramos y volvimos a cerrar la puerta tras nosotros. Avanzamos por un pasillo con puertas en los laterales.
– “Con cuidado. No hagáis ruido” – dije a los demás mientras avanzaba.
Al llegar al gimnasio, una luz nos alumbró cegándonos.
– “No deis un paso más y tirad las armas” – dijo una voz que no podíamos ver.
– “Tranquilo sea quien sea” – respondí intentado mantener la sangre fría – “no queremos problemas ni le haremos ningún daño.”
– “Sois vosotros los que estáis en peligro, no yo” – dijo la voz.
La luz se apagó y en pocos segundos recuperamos la visión. Un tipo de estatura media, complexión fuerte y el pelo pajizo nos apuntaba con una pistola. Vestía ropa tejana y un matiz rojizo en su barba revelaba una probable ascendencia irlandesa.
– “Ya le he dicho que no queremos problemas” – insistí poniendo las manos frente a mí para que se vieran – “Mi nombre es Phil. Solo estábamos buscando refugio.”
– “Muy bien Phil. ¿De verdad eras policía o has robado esas ropas?” – inquirió la voz del hombre que me apuntaba.
– “Sí. De verdad soy policía” – respondí sin dudar.
– “Ok. Te creo Phil” – el hombre bajo el arma – “Me llamó Eagle Chaz. Podéis llamarme Chaz. Si queréis podéis refugiaros aquí está noche.”
– “Gracias” – respondí – “Ella es Amy y este es Troy” – señalé a mis acompañantes.
– “Encantado” – dijo Chaz – “Perdonad el recibimiento, pero hoy en día hay que ser precavido.”
– “Sin problemas” – añadió Troy.
Después de las presentaciones Chaz no enseñó el recinto. Amy tenía razón y en el edificio había duchas. Por suerte todavía funcionaban y pudimos utilizarlas antes de cenar.
Durante la cena no hablamos mucho, así que no pude descubrir casi nada sobre nuestros nuevos amigos.
Faltaba poco para amanecer. Mientras dormía, Chaz se acercó a mi y me despertó.
– “Tenemos problemas. Los zombis han entrado en el edificio” – me dijo.
– “¿Cómo puede ser?” – pregunté sorprendido.
– “No importa. Despierta a los demás. Tenemos que movernos.”
 
Había un montón de zombis persiguiéndonos, se nos estaba acabando la munición…
Cundió el pánico entre nosotros, y este es el resultado. Estamos perdidos. No tenemos ni idea de dónde estamos. Tampoco tenemos idea de dónde están los zombis que nos perseguían, pero eso no significa que no podamos encontrarnos con más en cualquier sitio.
Estábamos en un cruce, la calle por la que habíamos venido continuaba hacía el sur flanqueada por dos grandes edificios.
– “Será mejor que nos calmemos” – dije.
– “Deberíamos explorar la zona. Necesitamos comida, municiones y un mapa” – añadió Troy mientras observaba su recortada con cierta preocupación.
– “Con disciplina y un poco de suerte todo irá bien” – se notaba que Chaz había sido militar.
– “Deberíamos separarnos para registrar los edificios” – dijo Amy.
Asentí. Avancé por la calle y me acerqué al edificio que había al este. De un hachazo abrí la puerta.
– “Veamos cuantos salen” – dije mientras apuntaba hacía la puerta.
Antes de que pudiera disparar, ví un fogonazo y escuché el disparo de la recortada de Troy a mi espalda. Un par de caminantes cayeron muertos.
– “No hagamos esperar a nuestros amigos” – dijo mientras entraba en el edificio.
Lo seguí. Entramos en una salida que hacía de distribuidor. Había más caminantes que venían hacía nosotros.
– “¡Maldición! Espero tener munición suficiente” – exclamó Troy.
No dejamos de disparar a todo lo que se acercaba. Sin dudas hacíamos ruido para atraer a todos los zombis del barrio. Seguimos disparando hasta que poco después dejaron de venir más caminantes.
– “Alto el fuego” – ordené.
Al momento se hizo el silencio.
– “No tardaran en llegar más caminantes. Aprovechemos para registrar. Tal vez encontremos algo que nos sea útil.”
Nos pusimos manos a la obra. Troy registró las habitaciones del este mientras yo me encargaba de las que había al sur. Encontré una pistola y bastante munición. Seguí hacía el sur hasta que encontré una sala con otra puerta al exterior. Miré por las ventanas. Se veían bastantes caminantes en la calle. Había otro edificio justo enfrente.
Al cabo de unos instantes apareció Troy.
– “El resto vienen hacía aquí” – me dijo.
– “Bien. ¿Encontraste algo útil?” – pregunté.
– “Unas latas de comida” – respondió con un deje de amargura.
Amy y Chaz se reunieron con nostros.
– “¿Cómo ha ido?” – pregunté a los recién llegados.
– “Bastante bien” – respondió Chaz, que se acercó a Troy y le entregó una caja de cartuchos.
La cara de Troy reflejó la misma alegría que la de un niño que abre su regalo de Reyes y descubre que era lo que había pedido.
– “Bien” – contesté – “La calle está bastante poblada. Creo que deberíamos ir al edificio del otro lado.”
– “¿Salir y entrar?” – preguntó Amy mostrándome un cocktail molotov.
– “Eso creo” – asentí.
– “Vamos” – sentenció Chaz.
Amy abrió la puerta, cruzó la calle y forzó la entrada del otro edificio y se coló en el interior. Troy y Chaz la siguieron.
– “No os paréis, yo os cubro” – les espeté.
Salí disparando a los zombis de la avenida. Cruce la calle sin dejar de disparar y entré en el otro edificio.
Una de las salas estaba ardiendo a causa del cocktail, sin embargo, el edificio estaba infestado y montones de zombis, caminantes, corredores y gordos se dirigían contra nosotros.
Troy volvía a tener la cara de desquiciado que disfrutaba con el zombicidio. Chaz trituraba todo lo que se acercaba blandiendo un par de machetes y Amy aguantaba bien.
– “No reculéis, aguantad” – intentaba arengar a mis compañeros.
Poco a poco nos fuimos abriendo paso al interior del edificio. Atraídos por el fuego, el humo y el ruido los zombis de la calle se dirigían hacía la puerta del extremo. Llegamos frente a otra puerta.
– “Salgamos por aquí. Aprovechemos que están distraídos por el fuego” – dije.
Abrimos la puerta y volvimos a salir al exterior. Como si nos hubieran estado esperando, una oleada de caminantes, llegados de todas direcciones, se abalanzaron sobre nosotros.
– “Son muchos, ¡no sé si podremos con ellos!” – protestaba Amy.
– “¡Jajajajaja!” – Troy reía con cara de demente – “¡Venid aquí malditos hijos de puta! Tengo muchos regalos para vosotros…”
– “¡Aguantad!” – intentaba, de alguna manera, mantener el orden.
Chaz, silencioso, manejaba con destreza los machetes eliminando todos los zombis que se nos acercaban demasiado. Nuestra vorágine de violencia continuó ininterrumpida por un minuto antes de que nos pudiéramos tomar un descanso.
– “Chicos, tenemos municiones y comida, ¿qué tal si nos largamos de aquí?” – pregunté.
– “Me parece una idea cojonuda… ¿hacía dónde?” – respondió Troy con una nueva pregunta.
Miré a mi alrededor. Al oeste parecía que había menos zombis.
– “¡Por aquí!” – indiqué al tiempo que abría fuego con las pistolas.
Nos abrimos paso entre los caminantes a base de golpes, tajos y disparos. En cuanto llegamos a una zona un poco más despejada salimos a la carrera. Habíamos escapado. Una vez más…

Zombicide Fan Fiction Episode A1 - Phil

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