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– “¡Mira Josh! Una pareja de turistas perdidos por la avenida” – desde mi posición privilegiada controlaba toda la calle.
El joven pandillero se acercó hasta mí, se llevó unos prismáticos a la cara y oteó en la dirección que le indicaba.
– “Parecen bastante inofensivos” – comentó – “bajaré a tantearlos.”
– “Sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad chaval?”
– “Claro abuelo. Si veo que son peligrosos me separo de ellos y los mando hacía el sur. Sí no los traigo conmigo.” – abrió la puerta de la azotea y bajó al almacén.
– “Yo te cubriré desde aquí” – dije mientras volvía a acomodar el rifle en mi hombro. No creo que me escuchara.

A traves de la mira pude seguir toda la escena que se producía en la avenida. Era una lástima que nunca hubiera aprendido a leer los labios. Josh se acercó a los desconocidos.
– “¡Hola! ¿Qué hacéis por aquí? ¿os habéis perdido?” – dijo el chico.
El hombre con gafas respondió:
– “Jur jur, ero no nero mak mak nyuk nyuk.”
– “Humpty dumpty” – contestó Josh – “¿Humpty dumpty dumpty du?” – preguntó entonces.
Esta vez fue la chica la que contestó mientras gesticulaba y señalaba el lugar del que venían.
– “Arrz urzf grhar tirorio” – me pareció entender.
– “Erbe durve darne taruro.” – intervino Josh, parecía que todo iba bien – “Está bien, seguidme, os llevaré a nuestro refugio.” – y empezó a caminar de vuelta hacía el almacén.
Parecía que íbamos a tener huéspedes para la cena. Sería mejor que bajara y empezará a prepararlo todo.

– “Esto estará listo en un minuto. Ya podéis ir sentandoos en la mesa.” – dije.
Los chicos hicieron caso al instante, Wanda, sin embargo, se cambió los patines por unas zapatillas más cómodas antes de tomar asiento.
– “¿Siempre llevas los patines?” – preguntó Josh curioso a la camarera.
– “Cuando todo cambió, yo acababa de salir del trabajo y no había vuelto a casa.” – replicó la rubia mirando a Doug – “Todavía no he vuelto, y con ellos me siento más segura” – creo que la vi ¿sonreír?
– “Yo estaba con una titi y no me enteré de nada” – añadió Josh sin que nadie le preguntara.
– “¿Qué creéis que pasó? ¿Un ataque terrorista? Seguro que fue un ataque terrorista…” – Doug se equivocaba.
– “No creo que fuera un ataque terrorista” – intervine yo – “Si sólo fuera eso habría alguna esperanza…” – todos me miraron extrañados.
– “¿Por qué dices eso?” – me interrogó Doug el oficinista.
– “Bueno” – empecé a explicarme – “durante los primeros días después de…”
– “DING DING” – salvado por la campana del microondas. Empecé a repartir las hamburguesas.
– “¿Qué querréis beber?” – pregunté – “tenemos cervezas, colas y agua” – añadí.
– “Comida caliente y cerveza… sois como unos ángeles. ¡Muchas gracias!” – dijo Wanda.
Una vez repartida la comida y la bebida yo también tomé asiento junto a los demás.
– “Entonces, ¿qué pasó?” – volvió a insistir Doug.
– “No creo que nadie lo sepa” – dijo Josh – “ni creo que lleguemos a descubrirlo nunca.”
– “Pero, ¿quién lo hizo?” – Doug parecía no entender.
– “¿Quién?” – pregunté, y se me escapó una risotada – “fui yo” – sus caras de sorpresa eran impagables – “y fuiste tu, Wanda. Y también Josh, y tú Doug. Fuimos nosotros. Fuimos todos. Fue el sistema, la vida que llevamos. Fue el mundo que hemos creado. Fueron los gobiernos, las religiones, los bancos. Fue la radioactividad, las armas químicas, las guerras sucias. Fueron las compras por internet, los McDonalds, las comodidades.”
Sus caras expresaban una extraña mezcla de confusión y comprensión. Doug fue el primero en reaccionar. Mordió su hamburguesa, dio un trago a su cerveza y luego dijo:
– “Visto desde el lado bueno, se acabaron los informes de TPS.”
Todos nos reímos.

Después de cenar enseñé a nuestros invitados donde podían dormir. Yo haría la primera guardia. Subí un rato a la azotea.
Me llevé el rifle al hombro y empecé a controlar los movimientos de las manadas de zombis.
– “Los vivos pierden terreno” – me dije a mí mismo – “Los núcleos de la resistencia caen uno tras otro y nuestra radio, que no paraba de emitir mensajes, ahora guarda silencio. Pronto tendremos que marcharnos. Los zombis crecen en número y nuestras provisiones cada vez son más escasas.”
– “Tienes razón” – me repliqué – “en el bunker estaríamos a salvo, si no hubieras perdido las llaves” – a veces me odiaba a mi mismo.

Pasaron un par de horas. Un grupo muy numeroso de zombis se estaba concentrando cerca del muero este. Parecía que íbamos a tener problemas. Bajé corriendo las escaleras.
– “¡Josh! ¡Wanda! ¡Doug! ¡Despertaos! ¡Tenemos visitantes no deseados!”
– “¿Qué? ¿Cómo?” – confusión.
– “No hay tiempo para explicarlo ahora. Recoged lo imprescindible. Tenemos que largarnos.” – el ruido de cristales rotos confirmo mis peores sospechas.
En menos de dos minutos estaban listos.
– “Seguidme” – les indiqué – “por aquí” – llegamos a la puerta sur.
– “Un momento” – activé el interruptor de seguridad – “¡Ya! ¡Huyamos!” – abrí la puerta y salimos todos al exterior.
Corrimos por una callejuela, giramos una esquina y llegamos a la avenida. En el extremo oeste se distinguía una concentración de zombis con sus líderes gordos.
Se escuchó una gran explosión y una bola de fuego y humo ascendió al cielo desde donde estuvo el almacén. ¡Espero que os aséis hijos de puta!
– “¿Hacía dónde?” – preguntó Wanda.
Las criaturas de la avenida ya se estaban dirigiendo hacía nosotros.
– “Entremos en ese edificio” – contesté yo, señalando con el hacha.
– “Seguro que está infestado de caminantes” – replicó la rubia.
– “Bueno, esto ya lo está” – dije descargando mi hacha contra la cerradura de una puerta cercana – “¡todos a dentro!”
Josh fue el primero en entrar.
– “Parece que está vacío. ¡Por aquí!”
El resto lo siguieron al interior del edificio.
Repentinamente, de las alcantarillas más cercanas empezaron a emerger más caminantes. Me ví rápidamente rodeado. La cosa pintaba mal.
– “¡Apartaos de mi camino chusma!” – grité mientras descargaba el hacha contra los bichos intentando abrirme paso. Un caminante se desplomó ante mí.
– “No te quedes atrás viejo” – sonreía Josh.
Nos abrimos paso hasta el interior del edificio. Doug nos esperaba.
– “¿Y Wanda?” – pregunté.
– “Ha ido a explorar el edificio” – me respondió Doug.
– “Ok. Necesito un segundo para recuperar el aliento” – dejé el arma en el suelo y me recosté contra una pared.
– “Ugghhh” – de la nada apareció un caminante junto a mí, lo tenía encima, no pude reaccionar, estaba perdido…
Doug se abalanzó sobre la criatura antes de que ésta pudiera golpearme, empotrándola contra la pared. El zombie reaccionó propinándole un puñetazo. Armado con una barra de hierro, Doug golpeó repetidamente la cabeza del caminante hasta que sólo quedó una pulpa sangrante.
– “Gracias…” – miré a mi salvador casi sin palabras.
– “No te preocupes. Mañana me salvarás tú a mí” – dijo el oficinista – “No podemos bajar la guardia” – me tendió la mano y me ayudó a incorporarme.
– “No paran de salir de las alcantarillas… ¡tenemos problemas!” – gritó Josh mientras disparaba ráfagas con su sub-fusil – “¡no podré contenerlos mucho más!” – reculaba paso a paso hacía nuestra posición.
– “¡Tenemos que aguantar un poco más! – Doug se puso a su lado y también disparaba. Sin embargo, no pudieron evitar que los caminantes cruzaran la puerta.
De pronto, Wanda apareció de la nada como una exhalación a gran velocidad. Esquivó el mobiliario, derrapó con maestría y casi sin demora disparó al zombi que se acercaba. Un fogonazo mientras la recortada escupía el cartucho y en un instante, el lugar que había ocupado la cabeza del zombi pasó a estar vacío. Los restos del despojo sin testa cayeron al suelo.
Repetí toda la escena a cámara lenta en mi mente. La miré incapaz de salir de mi asombro…
– “Hay una salida de emergencia en el otro lado del edificio.” – dijo la camarera patinadora.
– “Perfecto” – respondió Doug – “Saldremos por allí. ¡Larguémonos!”
Cruzamos el edificio a la carrera. Wanda nos guió hasta un pequeño cuarto con una salida de emergencia metálica de color rojo.
– “Aquí es” – dijo la chica.
– “¿Todos preparados?” – preguntó Doug. Asentimos.
Josh abrió la puerta y saludó con una ráfaga de su sub-fusil al sorprendido caminante del otro lado del marco.
– “¡Vamos! Yo te cubro” – dijo Doug.
Josh salió a la avenida seguido de cerca de Doug. Más estruendo y fogonazos.
– “¡Despejado por ahora! ¡Salid! ¡Corred!” – era la voz del oficinista.
Hice un gesto cortés con la mano para indicarle a Wanda que pasara primero. Respondió con un breve asentimiento y un instante después desapareció patinando por la puerta. Salí el último del edificio.
– “¡Te estaba esperando viejo!” – dijo Josh desde el centro de la avenida.
– “Gracias chaval, ¿necesitabas un canguro?” – respondí socarrón.
Josh sonrió, me saludó con el dedo corazón y salió corriendo, girando en la primera esquina. Seguí a mis compañeros y pronto desaparecimos en la oscuridad de las calles…

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