josh
Nuestro nuevo refugio no es lo bastante seguro. Los zombis no dejan de venir. No podemos dormir, y algunos de nosotros empezamos a irnos de la olla. Tiene que haber un nido por aquí, probablemente en la zona de oficinas cercana a la entrada del metro. Hasta que la amenaza sea neutralizada, seremos atacados continuamente. Esta decidido, iremos a cargarnos a esos cerdos no muertos.

Nos armamos y bajamos a la calle. Los coches estaban allí, donde los habíamos dejado.
– “Muchas gracias Wanda, son geniales” – el abuelo estaba contento como un niño con sus pipas nuevas – “Puedes coger el rifle de caza. Lo dejé en el coche patrulla.”
– “Gracias Ned. Os espero en el cruce” – dijo la patinadora.
– “¿No hay nada para mí? ¿Me dejas el coche?” – pregunté yo.
La rubia se giró y me lanzó las llaves.
– “Conduce con cuidado” – sonrió.
Cogí las llaves al vuelo y de una carrera me planté en el carro. La tapicería era de cuero, estaba guapo. Una pena lo de los golpes. Encendí el motor, sonaba de puta madre.
Me encaré hacía el cruce. Veía a los demás alejarse. Puse la marcha atrás y reculé unos metros, hasta que vi la puerta de un gran edificio en el norte.
– “Esto puede ser divertido” – frené el coche en medio de la calle.
Abrí la puerta y me bajé. Los otros ya casi habían llegado al cruce.
Me acerqué a la puerta y saqué mi palanca del bolsillo. Como sospechaba, estaba cerrada. No fue difícil arreglarlo.
– “¡Abierta! Vamos a conocer a los vecinos.”
Corrí de vuelta hasta el coche, que seguía en marcha.
– “¡MEEECCKK! ¡MEEECKKK! ¡MMMEEEEECCCKKKK!” – vaya mierda de claxón.
Como había previsto, los putrefactos que estaban en el edificio empezaron a salir. Lo que me sorprendió fue que también empezaran a salir mierda de zombis de las alcantarillas.
– “Parece que tenemos invitados sorpresa” – aceleré a fondo.
Le pegué de lleno a uno que todavía estaba a medias en la alcantarilla. Lo partí por la mitad.
– “¡GUAU! ¡ESO TE PASA POR CAPULLO!”
No tardé en llegar a donde estaban los demás. Ned y Wanda usaban un coche patrulla atravesado en la calle como barricada mientras disparaban a los zombis.
– “Buen tiro. ¿Dónde aprendiste a disparar?” – le preguntó el veterano a la camarera.
– “Mi padre era cazador. De pequeña me llevaba con él” – respondió la rubia – “Tú tampoco lo haces mal” – Ned le acababa de reventar la cabeza a un gordo con un disparo de su escopeta.
– “Jejeje” – sonrió el abuelo – “Yo estuve en la guerra niña” – se le puso cara de chalado.
– “Esto… ¿Y Doug?” – pregunté interrumpiendo su conversación.
– “Ha ido con el otro patrulla a dar una vuelta a la manzana, a ver si consigue localizar de donde salen los putos zombis” – me explicó Ned.
– “Ok” – por el retrovisor del coche podía ver como los zombis que había dejado atrás en la calle se acercaban torpemente – “yo también voy a dar una vuelta.”
Puse la marcha atrás e hice girar el coche para encarar a los no muertos. Aceleré a fondo y recorrí la calle intentando llevarme por delante a todos los zombis posibles en mi camino.
– “¡DEBERÍAIS IR POR LA ACERA, CABRONES!” – les grité mientras los golpeaba.
Antes de llegar al final de la calle frené con todas mis ganas y giré rápido el volante, haciendo que el coche derrapara de lado por la calle. Tiraba a los zombis al suelo y luego los aplastaba. Cuando el coche se detuvo, volví a poner la primera y giré de vuelta hacía mis compañeros antes de que los zombis que quedaban se me echaran encima.
El camino de vuelta fue muy parecido al de ida, más zombis en mi camino. Hubo un momento en que hasta tuve que abrir la puerta del coche para golpear a uno de esos zombis más ágiles que había esquivado la embestida.
– “¿TE PENSABAS QUE TE IBAS A LIBRAR, ‘JOPUTA?”
Reduje la velocidad cuando llegué junto a mis amigos. Doug estaba en un coche patrulla y Ned seguía disparando con la escopeta.
– “¿Y Wanda?” – pregunté.
– “Ha ido a explorar el edificio del norte, luego mirará el del sur y nos encontraremos en el cruce, nosotros mantendremos la posición” – contestó el abuelo.
– “Ok. Yo seguiré limpiando la calle un rato más.”
Otro giro de volante y otra vuelta a mi circuito. La mayoría de los zombis que me cruzaba ahora eran corredores, como los llamaba Ned. Supongo que sí que son más listos y por eso habían sobrevivido. Cada vez había más de esos.
Cuando estaba en el extremo de la calle más alejado del cruce, mientras daba la vuelta, vi como Wanda salía patinando por la puerta que yo había abierto antes, cruzaba la calle escurridiza entre los zombis a toda velocidad, y desaparecía en el interior del edificio del sur.
– “Ni siquiera me ha visto” – me dije a mi mismo.
Avancé despacio hacía donde había visto a la rubia y entonces, del edificio del norte, salió una abominación.
– “¡Joder! Con razón corría la rubia…” – aceleré.
Si yo fuera ella, intentaría salir del edificio lo más cerca posible del cruce. Seguro que ella hacía lo mismo.
El coche patrulla de la barricada había desaparecido y mis compañeros con él. Continué lentamente. No había zombis a la vista. Llegué al cruce.
Uno de los coches patrulla estaba a varios metros, aparcado frente a un pequeño comercio. Detuve el coche. Mientras esperaba que saliera alguien del comercio, por la calle del fondo vi cruzar el otro coche patrulla, el que conducía Doug. Se estaba llevando unos pocos zombis por delante.
Puse la marcha atrás, reculé unos metros y giré en el cruce hacía el sur, dándole la espalda a la tienda donde suponía que estaba Ned. Si no recordaba muy mal, más adelante había una tienducha de comestibles.
– “Aquí estás” – aparqué el coche en la puerta, paré el motor y me bajé.
Volví a sacar la palanca del bolsillo y abrí la puerta.
– “RING DING” – la puta campanita de la puerta. El ruido atraería a todos los zombis del piso. Me abrí paso a palancazos, rompiendo cabezas. Eran sólo cuatro.
Alguien se me había adelantado y había limpiado el garito. No quedaba nada. Únicamente encontré un jodido saco de arroz. Al bolsillo.
Volví a la calle. Me acerqué al coche. En el cruce estaban Ned y Wanda. Corrí hacía ellos.
– “Cada vez aparecen más” – decía Ned.
– “Yo he visto una abominación y varios gordos mientras venía hacia aquí. No tardarán en llegar” – contestó la camarera.
– “¿Cuál es el plan?” – pregunté.
– “Cojamos un coche, busquemos a Doug y larguémonos de aquí, esta zona esta infestada” – dijo la rubia.
– “Tengo aparcado a unos metros” – dije mientras señalaba hacía donde había dejado el Cadillac.
Nos dirigimos hacía el coche.
– “Ten esto chaval” – me dijo Ned mientras me ofrecía la escopeta – “conduciré yo” – con la mano hacía un gesto para que le entregará las llaves del coche.
– “Ok” – se las di. Me tocaba ir en el asiento de atrás. Mierda.
Arrancamos y llegamos al cruce. Doug estaba allí, con el patrulla, esperándonos.
– “Esto es una locura. ¡No se cuantos de esos zombis he matado ya! ¡Me he quedado sin balas!” – nos enseñaba su sub-fúsil indignado – “¡y todavía siguen saliendo más!”
– “Sí, es una locura” – contestó Ned – “Larguémonos” – el coche se puso en marcha.
Todos estábamos cansados. Guardábamos silencio.
– “Tendremos que buscar refugio y algo para cenar” – dijo Wanda – “¡mierda!, nos hemos ido con lo puesto.”
– “No es mucho” – dije yo – “pero algo podremos hacer con esto” – mientras sacaba el saco de arroz del bolsillo.
– “¡Josh! A veces eres un sol” – exclamó la rubia mientras me daba un beso en la mejilla. Por el aumento de mi temperatura, creo que me puse rojo. Mierda.

Josh
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