marvin_ok
Ya han pasado unos tres meses desde que los zombis lo cambiaron todo. En este tiempo me ha crecido mucho la barba. A veces, al despertar, todavía me pregunto por qué Dios nos ha enviado esta prueba.

He encontrado un refugio seguro, y tengo provisiones suficientes para alimentar a un pequeño ejército. También hay una radio que aún funciona. Gracias a ella he podido conseguir bastante información.
Muchos con los que he contactado creen que lo de los zombis es una infección. Puede que tengan razón. Sin duda, la plaga es una de las maneras en que se muestra el castigo divino.
También con la radio he encontrado esperanza: uno de los tipos con los que contacté me habló de Switch City, una ciudad con su propia central eléctrica en la que las personas siguen siendo personas. Tal vez suene muy utópico, pero sin dudas me da un objetivo al que aferrarme para continuar.
Mi intención es reunir un grupo de supervivientes, conseguir un vehículo y largarnos de aquí hacía la tierra prometida.
He tenido mucha suerte y he contactado con Ivy, una conocida de los buenos tiempos, una chica dura. Estaba con un grupo en la periferia de la ciudad, pero quedó atrapada y rodeada de zombis. No hay razón para creer que esto sea una trampa. Unidos, prevaleceremos.

Ya había explorado la mayor parte de la zona, sólo me quedaban cuatro edificios. Ivy tenía que estar en uno de ellos. Sí todavía estaba viva.
Había un coche patrulla en medio de la avenida, que parecía tranquila. Me dirigí hacía donde estaba el vehículo. Crucé la calle.
– “Luego comprobaré si funcionas, tal vez te conviertas en mi nueva carroza” – dije para mí mismo mientras pasaba de largo junto al coche.
Continué hacía el norte. Un zombi solitario apareció mientras pensaba que puerta abrir primero. Estaba a unos diez metros. Lo ignoré. Era más que seguro que los edificios estarían llenos de zombis apestosos así que lo mejor sería abrir las puertas y salir corriendo; los zombis saldrían y vagarían por las calles y yo podría volver más tarde a explorar los edificios.
De un hachazo abrí la puerta del edificio más grande y corrí hacía la del edificio más pequeño. Otro hachazo fue suficiente para abrirla.
– “¡Eh! ¡Zombis cabrones! ¿Alguno quiere probar un trocito de Marvin?”
Volví corriendo al coche de policía y me metí dentro. Las llaves estaban puestas, mala señal. Las giré en el contacto sin conseguir ningún efecto. Este coche estaba muerto. Salí del vehículo y abrí el maletero, igual encontraba algo útil.
– “¿Qué coño hace aquí una motosierra?” – Los designios del Señor son misteriosos.
Los zombis ya estaban saliendo de los edificios. Eran muchos. Además, las calles adyacentes también se estaban llenando de podridos. El ruido debía haberlos atraído.
Si me quedaba quieto seguro que sería merienda de muerto. Salí corriendo hacía el sur, al otro edificio grande y abrí la puerta.
Un par de zombis salieron del interior y los recibí con la motosierra. Al norte la oleada de zombis ya había llegado al coche patrulla. Entré en el edificio, sí tenía suerte todos esos no-muertos pasarían de largo mientras exploraba el inmueble.
No había contado con los zombis del edificio. Dos gordos con sus colegas me estaban esperando cuando entré. Por suerte eran lentos y no esperaban que yo tuviera una motosierra.
– “El camino del hombre justo está plagado de gordos de mierda y sus cabrones amigos…” – rezaba mientras los iba eliminando – “… ¡y no pienso parar hasta que estéis todos muertos hijos de puta!”
Cuando por fin acabé con todos me di cuenta de que estaba en una casa. Registré el salón, nada interesante. En el baño encontré hilo dental. Es como si fuera Navidad.
Escuché ruidos en la entrada, posiblemente algún zombi. Sería mejor que me diera prisa. Entré en una habitación y de pronto un tipo se abalanzó sobre mí con dos machetes. Instintivamente salté hacía atrás y encendí la motosierra.
– “No eres uno de ellos” – dijo con sorpresa y un marcado acento mexicano.
– “¿Tú quien coño eres? ¡Me has dado un susto de muerte hijo de puta!” – le increpé.
– “Me llaman el Cholo. Perdóneme. Pensé que era otro zombi pendejo” – se excusó.
El Cholo era un tipo corpulento, ancho de hombros y bastante musculoso, con tatuajes. Tenía el pelo largo y negro, y un bigote que había conocido mejores días. Llevaba un machete en cada mano.
– “Yo me llamo Marvin. Estoy buscando a una chica que se llama Ivy. ¿La conoces? ¿La has visto?” – le pregunté.
Negó con la cabeza. Los ruidos en la entrada nos pusieron en alerta.
– “Será mejor que salgamos de aquí” – le dije al mejicano.
– “Tal vez quieras usar esto” – me pasó un par de subfusiles.
Abrimos la puerta de la habitación. Ya había unos cuantos zombis en el salón. El Cholo se abalanzó sobre ellos y los partió a machetazos. Salí tras de él y disparé a los zombis que intentaban entrar en el edificio, conteniéndolos en la entrada.
– “¡Tendremos que ensuciarnos las manos güey!” – dijo el Cholo.
Lo entendí. En cuanto dejé de disparar el latino se lanzó contra los zombis. Encendí la motosierra y me junté con él en la refriega. Nos abrimos paso a través de los zombis hasta el exterior.
El panorama era desalentador. La calle estaba llena de zombis que venían hacía nosotros desde todas las direcciones. Pegué mi espalda a la del Cholo y empecé a disparar con los subfusiles.
– “Será mejor que nos separemos, si seguimos así somos carne de perro” – dijo la voz del Cholo a mi espalda.
– “Sí, tienes razón. Los edificios del norte deben estar vacíos. Llévate la motosierra. Nos reuniremos allí” – contesté.
– “¿Estas seguro?” – me preguntó.
– “No, pero no se me ocurre nada mejor” – repliqué.
Disparé sin cesar contra los zombis y conseguí abrir un hueco por el que escapar.
– “¡VAMOS, LARGATE! ¡LOS ATRAERÉ HACÍA MÍ!” – le grité al Cholo.
El latino salió corriendo dando golpes a diestro y siniestro. Le cubrí tan bien como pude.
Tuve el tiempo justo de verlo entrar en el edificio del este antes de que el muro de zombis se volviera formar ante mí. No paré de dispararles mientras retrocedía poco a poco.
– “Vamos hijos de puta, ¡venid a por mí!” – les increpé.
Seguí disparando y retrocediendo poco a poco, paso a paso, hasta que llegué al final de la calle. Cuantos más zombis mataba más zombis aparecían en la calle atraídos por los disparos.
Cambié de tactica. Dejé de disparar y empecé a correr por la calle hacía el este. Llegué a la siguiente esquina. Por el oeste se acercaban zombis, y por el norte… por el norte una criatura enorme y deforme, como si se hubiera pasado con los esteroides hasta después de muerto, bloqueaba la calle. Ya había visto monstruos de ese tipo.
Disfruté de un segundo para recuperar un poco el aliento antes de que un zombi solitario se abalanzara sobre mi. Le partí la cabeza de un hachazo mientras se acercaba.
Sin embargo, solo era una avanzadilla, zombis gordos y corredores se estaban acercando. Me dirigí hacía el norte, hacía el zombi gigante, intentando ser sigiloso y hacer poco ruido.
Pensé que solo un zombi, por muy grande que fuera, sería menos peligroso que muchos zombis. Me equivoqué, el zombi grandote no estaba solo, iba con amigos. Me escondí como pude detrás de un container y empecé a rezar.
– “Dios mío, tú que todo lo puedes, haz que estos hijos de puta zombis no me vean o estoy jodido… y tendrás un fiel menos.”
Como respuesta a mis plegarias sonaron unos disparos no demasiado lejanos, tal vez desde la siguiente esquina. Los zombis se dirigieron hacía la fuente del sonido.
Seguí a los zombis hacía su punto de reunión, que resultó ser el coche de policía. Obcecados por los sonidos de los disparos no me prestaron atención.
Y entonces sucedió un milagro. Lo que yo pensé que nunca vería con mis ojos pasó justo ante mí. El Cholo se abalanzó sobre la criatura enorme cual David frente a Goliat. Con un golpe descendiente desde la izquierda el machete de la mano derecha sajó profundamente la pierna de la criatura casi seccionándola, haciendo que el monstruo se derrumbara. El enorme zombi levantó las manos en un gesto defensivo, tal vez sabiéndose perdido. No fue suficiente. El machete de la mano izquierda descendió en un arco que cortó la cabeza del Goliat resucitado, separándola del torso. La criatura cayó finalmente muerta.
El latino, cual ángel vengador enviado por el cielo, continuó con su baile de sangre mientras hacía girar magistralmente los machetes. Una chica rubia le cubría la espalda al Cholo con la motosierra. Lo hacía bien, pero había demasiados zombis para ella.
Con los subfusiles disparé a los zombis que me separaban de los otros supervivientes.
– “Creo que llego en el momento justo. Si me dejas el juguete os puedo ayudar” – le dije a la chica para que no pensará que era un zombi.
Recogí la motosierra de las manos de la rubia y acabe con los zombis que nos rodeaban.
– “Tu no eres Ivy” – dije con voz de sorpresa.
– “No. Yo soy Eva” – ahora con dos subfusiles en las manos.
Hubo una pausa en la carnicería. Por unos segundos no había zombis en la calle.
– “Sólo queda por explorar un edificio, Ivy tiene que estar en él” – le dije al Cholo.
– “Andele. Yo te acompaño nomás.” – dijo mientras sonreía.
– “Yo os espero aquí” – añadió la rubia, que me tendió un rifle y se atrincheró en el coche.
Abatí a dos corredores que habían aparecido en una esquina y me acerqué a la puerta del pequeño almacén. No aguantó mucho ante la motosierra.
En cuanto le franqueé una entrada el Cholo se internó en el edificio sin esperar a que los zombis salieran a por él. Hijo de puta loco.
Se escucharon unos sonidos de combate, fue breve. Al cabo de un momento una figura cruzó la puerta. Vestía un traje de noche negro algo roto y unos zapatos de tacón. No tardé en reconocer a Ivy, tan espectacular como siempre.
– “Yo haré un mejor uso de eso” – dijo mientras señalaba el rifle que yo llevaba al hombro – “Cuánto tiempo Marvin…” – continuó a modo de saludo – “¿…quién es tu amigo?”
Le tendí el arma a Ivy.
– “Ya tendremos tiempo de las presentaciones más tarde” – dije – “¡Larguémonos de aquí! Seguidme, os llevaré a un refugio seguro.”
Haciendo el menor ruido posible nos alejamos de aquel barrio infestado de zombis…

Marvin
09