Wanda, escrito con doble V

doug
La invitación de Wanda no fue gratuita.
Wanda tenía cuentas que ajustar con dos tipos de su pasado, antes de lo de los zombis.
El primero era su antiguo jefe. Todos hemos visto a un jefe así o hemos oído hablar de él, el típico que se queda con un dólar de tu paga por cada céntimo que falte en una cuenta, que pone cámaras por todo su restaurante (sí, incluso en el baño de las chicas) porque cree que sus empleados le roban, y que hace que los empleados paguen por usar los servicios (ya que después de todo, son para uso exclusivo de los clientes, y los empleados no son clientes, ¿verdad?).
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The Big City

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Ayer soñé con beicon. Solo beicon.
Me desperté. Seguíamos en nuestro refugio. Fui al lavabo, me lavé la cara y mi dirigí a la cocina. Allí estaba Wanda.
– “¿Qué desayunamos hoy?” – pregunté animado.
– “Agua y biscotes duros” – me respondió la camarera sin júbilo.
– “¿No hay leche?” – pregunté abatido. Al menos con la leche podía reblandecer los biscotes.
– “Se acabó ayer.”
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¿Separados?

doug
– “¡Te lo juro! Como mínimo le pegué diez balazos a la cosa esa, ermmmm… ¿cómo lo llamó Amy?” – supongo que todavía estaba sobrexcitado después de lo sucedido.
– “Abominación. De la película Underground. Una peli de vampiros.” – me explicó Wanda.
– “¿Vampiros? Da igual… Cosí a esa Abominación a tiros y ni siquiera se cayó al suelo. Incluso me cargué a los zombis que tenía detrás, y el bicho ese ¡ni parpadeó!”
– “¿Y cómo escapaste de esa cosa?” – preguntó Wanda.
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