josh
Habíamos salido bastante jodidos de la misión hospitalaria de Ned. El viejo me caía de puta madre, y me había salvado el culo tantas veces como yo a él, pero a veces se le iba la pinza.

Conducía en dirección sur. Los demás dormían. Estaba bastante cansado de tener que hacer siempre lo que ellos querían. Nunca se pedía mi opinión y los demás hacían lo que les daba la gana. Me estaba portando como un niño bueno; y estaba harto.
Al llegar al siguiente cruce decidí girar hacía el este. Sería divertido. Y sí eran tan listos, seguro que sabrían que habíamos cambiado de dirección.
Unas cuarenta millas después llegamos a una pequeña ciudad. Faltaba poco para amanecer y decidimos descansar un rato antes de explorarla.
Por la mañana entramos en la ciudad. No me llamó la particularmente la atención. Otra ciudad más llena de zombis. Fuimos al ayuntamiento a agenciarnos un mapa y hacernos una idea de donde podríamos buscar refugio.
Matamos a un zombi que había sido el alcalde de esta ciudad. Llevaba un fax del jefe de la Policía. Sí. Claro que registramos a los zombis que matamos. Bueno, a todos no… pero si a la mayoría.
En el fax se explicaba cómo alcanzar un escondrijo seguro, una vieja instalación subterránea que había sido convertida en un búnker y que estaba cerca de la comisaría. Al parecer contiene una armería, provisiones de alimentos e incluso una ducha. Este búnker sería el refugio perfecto para nosotros.
Sin embargo, su entrada se controla a distancia y tendremos que entrar en un par de edificios públicos para poder activarla.
Llegamos al distrito del refugio. Está infestado de zombis. Esta va a ser una misión peligrosa, pero merece mucho la pena. En el estado en que estamos, lo necesitamos. Lo que no te mata hoy podría hacerlo mañana.
Wanda fue la primera en bajarse del coche y dirigirse al edificio de la comisaría. El resto la siguieron.
– “Yo me quedaré en el coche y mantendré limpias las calles” – les dije mientras les acompañaba por la calle marcha atrás.
– “Muy bien chaval, pero ves con cuidado” – dijo Ned.
– “Claro abuelo, ¡intentaré no rayarte el buga!” – puse primera y me aparté de ellos.
Dí la vuelta a la manzana donde estaba la entrada del búnker. Al oeste estaba el edificio de los juzgados, desde donde teníamos que activar la puerta del búnker. Al oeste estaba la comisaría. Los otros habían ido allí a buscar las llaves del juzgado. Hubiera sido más fácil tirarlas abajo, pero este tipo de edificios estatales acostumbraban a tenerlas blindadas.
Atropellé a un par de zombis que vagabundeaban por las calles.
Al girar en la calle de la comisaría volví a ver a los demás. Estaban en la puerta del edificio, fácil de distinguir por el coche patrulla aparcado enfrente y por el cartel del sheriff sobre la entrada. Ned abrió la puerta y se lió a tiros. ¡Qué sorpresa! ¡Más zombis!
Dí la vuelta y me dirigí de nuevo hacía el juzgado. Unos cuantos caminantes habían aparecido en las calles llamados por los disparos de la comisaría. Atropellé todos los que pude, movido más por la costumbre que por la pasión.
Giré de nuevo en la calle principal en dirección a la comisaría. Aceleré en dirección a mis compañeros.
– “¿Cómo lo lleváis?” – pregunté cuando estuve cerca.
– “Todo controlado. Doug ha entrado a por las llaves” – me respondió Ned.
– “Ok. Entonces iré a limpiar la calle de los juzgados. Nos vemos allí” – me despedí con un gesto de la mano y le di la vuelta al coche.
Aceleré y arrollé un par de podridos en mi camino. Giré a la derecha y no tardé en llegar al juzgado. Aparqué el coche cruzado en la calle y me bajé, dejándolo en marcha. Cogí un hacha que había dejado en el asiento.
Un par de caminantes se acercó a mi.
– “¡Tomad hijos de puta!” – Les reventé la boca con un par de hachazos.
Wanda no tardó mucho en llegar patinando.
– “¿Qué pasa rubia?” – pregunté.
– “Traigo la llave” – me contestó la camarera.
– “Ok. Dame. Yo abriré” – recogí la llave que me ofrecía.
– “Perfecto. Me llevo el Cadillac” – añadió risueña.
– “¡Serás zorra!” – CLICK – “¡Puerta abierta!” – di un par de pasos hacía atrás.
– “¡Urrhhhhggghhh!” – sin duda en el interior había más zombis.
– “Yo también te quiero Josh” – Wanda aceleró y se fue hacía el norte.
Lo mejor sería sacarlos del edificio, despistarlos y después volver. Volví al trote a la calle principal. Doug venía hacía mi.
– “¿Dónde está Ned?” – pregunté.
– “Limpiando la entrada del búnker. Dice que activemos el mecanismo. Nos espera allí” – respondió el oficinista.
– “Ok. Yo me encargo. Vuelve con el viejo. Está herido y no queremos que se haga daño” – sonreí – “¿Puedes hacerme un favor?”
– “Claro. ¿Qué necesitas?” – contestó Doug.
– “Quédate aquí un minuto, dispara a todo lo que se acerque y haz ruido. Así los distraerás y me será más fácil entrar en el edificio.”
– “¡Hecho!” – se giró y empezó a disparar a un grupo de caminantes que se encontraba a una veintena de metros.
Crucé corriendo la calle. Los podridos, atraídos por el ruido no me prestaron atención.
Llegué frente a la puerta y me colé en el juzgado. Era pequeño. Había estado en unos pocos como este. No me costó demasiado localizar el despacho. En un panel en la pared se encontraba el mecanismo de apertura del búnker. Lo activé. Se escuchó un ruido.
– “Supongo que habrá funcionado” – me dije a mi mismo.
Salí a la calle. No había muchos zombis, pero parecían corredores. Mejor correr. En un sprint me planté en la calle principal, y continué mi carrera hasta llegar a la puerta del búnker. Ví el Cadillac aparcado. Los demás ya estaban allí.
Doug y Wanda entraron en el edificio.
– “Vamos chaval… entra” – me espetó Ned. Hice lo que me dijo.
Ned entró y cerró la puerta tras de sí.
– “¡Lo logramos chicos!” – parecía que estábamos seguros…

Zombie Alert

08