Zombicide Fan Fiction Episode SWC1 Eva
Todavía era temprano cuando pasamos un cartel que indicaba que faltaban 20 millas para llegar a Switch City, el destino de nuestro viaje.
La ciudad de los interruptores. Una población con su propia central eléctrica. La zona ofrece todas las comodidades básicas de la civilización: electricidad, agua corriente, aire acondicionado… todo lo que nos hace humanos.

Pocos minutos después el coche petardeó un par de veces, dio unos tirones, como los estertores de un moribundo, y se detuvo. Nos paramos en la cuneta.
– “Nos hemos quedado sin gasolina. Parece que a partir de aquí seguiremos andando” – dijo Marvin.
– “Son casi veinte millas” – comenté mientras bajábamos del coche.
– “También podemos hacer auto-stop” – me respondió Ivy irónica.
– “Coged lo que necesites, no hace falta que carguemos todas las provisiones. Más tarde encontraremos otro vehículo y podremos volver a recoger el resto” – Marvin era optimista.
– “Oralé” – fue todo lo que dijo el Cholo.
 
Llevaríamos un par de horas caminando. El sol estaba en lo alto de un cielo gris plomizo que se iba aclarando conforme avanzaba la mañana.
– “Recordádmelo: ¿Cómo nos dejamos engañar para venir aquí?” – pregunté.
– “Ya sabes, electricidad, comodidades, agua caliente… esas cosas que las chicas sabemos apreciar” – me contestó Ivy en tono de broma.
– “El camino a la Tierra Prometida nunca es fácil. Los judíos vagaron cuarenta años por el desierto antes de encontrarla” – dijo Marvin siempre tan bíblico.
– “Cuarenta años, ¿en serio?” – pregunté incrédula.
– “Por el desierto” – insistió Marvin.
– “Y su profeta y guía, Moises, nunca llegó a pisarla” – añadió Ivy en tono enigmático.
– “¿Qué estás insinuando zorra?” – exclamó el guardaespaldas.
– “¡Vigila tu culo, negro!” – respondió la elegante Ivy imitando a un negrata de Brooklyn.
Todos nos reímos y seguimos caminando.
 
Pasamos junto al típico cartel que se encuentra a la entrada de todas las ciudades. Había sido ligeramente modificado. Ahora se podía leer: “No sois Bienvenidos al infierno. Población: Nadie vivo”.
– “La tierra prometida, ¿eh?” – comenté sin obtener respuesta.
Poco más de una milla después del cartel empezamos a ver los primeros edificios y calles. En el silencio de la tarde la ciudad parecía tranquila. En la distancia podíamos ver las luces que iluminaban algunos de los comercios.
– “¡Mirad! ¡Hay luz!” – exclamé con júbilo.
– “Ya os lo dije. La Tierra Prometida” – intervino Marvin.
– “Pero parece que no todos los edificios tienen luz” – puntualizó Ivy.
– “Posiblemente tiene que haber un control o interruptor general que venga de la central. Deberíamos intentar encontrarlo” – parecía que el guardaespaldas ya lo hubiera previsto.
– “Muy bien. ¿Y dónde lo buscamos?” – pregunté ansiosa.
– “No tengo ni idea” – respondió Marvin – “Pero si registramos las casas que tengan luz, tal vez podamos descubrir de donde proviene.”
– “Seguro que los edificios están llenos de no-muertos pendejos” – maldijo el Cholo.
– “Pues habrá que matarlos. No creo que nos inviten a entrar” – Ivy transmitía frialdad y seguridad.
Mientras hablábamos habíamos entrado al fin en las calles de la ciudad.
Al parecer los anteriores habitantes habían intentado, sin mucha fortuna, hacer una barricada con coches para frenar el avance de los zombis. Seguramente ahora ellos también serían zombis.
– “Echemos un ojo, es posible que alguno todavía funcione” – dijo Marvin.
Nos acercamos a los vehículos. El Cholo y Ivy se subieron en un coche y Marvin y yo nos pusimos a registrar un coche patrulla de la barrera.
Escuché el ruido de un motor y me giré para ver como el Cholo reculaba y se dirigía a los edificios más cercanos. Frenó de nuevo el vehículo y se bajó.
Mientras Ivy le cubría, se acercó a las puertas de los edificios de la calle y las abrió. Volvió al coche a la carrera.
– “Es hora de conocer a nuestros pinches vecinos…” – dijo mientras tocaba el claxon – “¡MEEECC! ¡Ahí nos vemos!” – aceleró y continuó por la calle hacía el este.
Si no eran muchos los zombis que salían del edificio podría controlarlos desde aquí. Pero entonces…
– “¡Mierda! Lo de los coches no era para bloquear las calles… ¡estaban bloqueando las alcantarillas!” – exclamé al comprender nuestro error.
Como gusanos saliendo de una manzana podrida unos zombis apestosos empezaban a trepar hasta las calles. Descargué el hacha sobre el más cercano de ellos, y escuché a Marvin disparando a mi espalda.
– “Ya es tarde para arrepentirse. Cojamos uno de estos y salgamos de aquí” – sugirió Marvin mientras entraba en coche de policía.
Deje el hacha en el patrulla, Marvin estaba manipulando el contacto. Saqué mis pistolas y empecé a disparar a los zombis que se acercaban. El motor del coche rugió.
– “Me parece una gran idea” – la calle estaba limpia.
Me subí al vehículo y Marvin lo hizo recular para dar la vuelta. Pasamos por encima de varios cadáveres, que hicieron botar el coche sobre sus suspensiones.
Después de darle la vuelta al coche el guardaespaldas continuó conduciendo calle abajo arrollando todos los zombis que encontraba a su paso. Giramos un par de veces rodeando un edificio, no queríamos distanciarnos mucho de los demás.
– “¡Mira!” – exclamé – “Esa casa tiene las luces encendidas” – señalé una vivienda en la esquina – “¿puedes pararte aquí?”
– “¿Qué vas a hacer?” – preguntó Marvin mientras detenía el vehículo.
– “Tal vez podamos averiguar de dónde viene la luz” – respondí.
– “Ok. Te acompaño” – bajo del coche con el hacha en la mano.
Mientras abríamos la puerta de la casa empezaron a aparecer zombis por todas partes. Marvin decapitó a uno que salía de las alcantarillas.
– “Mejor te espero aquí. Los mantendré a ralla. Ten cuidado” – parecía preocupado.
– “Ok. ¡Vuelvo enseguida!” – entré en el edificio a la carrera.
Por suerte, no había zombis en el interior. La primera estancia era el salón del domicilio. Estaba bastante ordenado, teniendo en cuenta que había pasado por un apocalipsis zombi.
Sin embargo, no esperaba encontrar el cuadro eléctrico, lo que andaba buscando, en el salón. Continué explorando la casa y finalmente localice mi objetivo en una sala de trastos cerca del garage.
Encendí las luces del trastero y me alegré muchísimo cuando la habitación se iluminó. Examiné el cuadro eléctrico, sabiendo que funcionaba, y descubrí que los cables de la toma general venían de la planta inferior.
¿Planta inferior? Había recorrido todo el edificio y no recordaba haber visto escaleras hacía un posible sótano. Volví a registrar la casa. Nada. No había sótano ni escaleras.
No tenía muy claro lo que significaba, ya lo pensaría luego, ahora no había tiempo que perder.
Volví a la entrada y me asomé. El coche patrulla estaba allí, y la calle estaba repleta de zombis; un panorama desolador, pero, además… no había señales de Marvin. ¿Le habría pasado algo?
Me escondí cuando una nueva oleada de no-muertos cruzó frente al edificio. Mientras estaba encogida y en silencio escuché los sonidos que me rodeaban. Los zombis podridos caminando por la calle, golpeándose entre ellos. Más lejos, en la distancia, también podía escuchar el motor de un coche y disparos. Parecía que los otros estaban bien.
Me incorporé y me volví a asomar a la entrada. Los zombis habían marchado en dirección a los disparos y la calle estaba mucho más transitable ahora.
Salí de la casa y corrí hacía el coche, disparando a los pocos zombis que quedaban cerca. Llegué al vehículo y por la ventanilla pude ver que Marvin estaba en el interior. Parecía inconsciente.
Abrí la puerta del vehículo y empujé a Marvin, como pude, al asiento del copiloto.
– “¿Qué coño te ha pasado?” – le pregunté en voz alta.
Como era de esperar, no me contestó. Estaba inconsciente, pero respiraba regularmente y tenía pulso. No parecía perder sangre. Posiblemente solo tendría un buen golpe.
– “Por suerte sigues vivo” – lo más fácil era que hubiera acabado convertido en comida de zombi.
Puse en marcha el vehículo y empecé a avanzar por la calle. La avenida estaba llena de zombis a los que iba golpeando a medida que continuaba mi camino. Por la perpendicular pude ver pasar a Ivy conduciendo otro coche. ¿Dónde estaba el Cholo? Seguramente se habrían separado.
Giré a la derecha por un callejón y encontré un pequeño edificio con luces que todavía no había explorado.
Aparqué el coche en una esquina a no mucha distancia, pero fuera del posible camino de los zombis. No quería exponer al pobre Marvin a peligros innecesarios.
Bajé del vehículo y corrí hasta la puerta del pequeño edificio. Podía escuchar a los zombis moviéndose al otro lado, así que sin pensarlo abrí la puerta y empecé a disparar. Los cadáveres de varios zombis cayeron al suelo mientras entraba en el edificio.
No tardé casi nada en encontrar el cuadro eléctrico. Otra vez los cables se perdían bajo tierra.
– “¡Mierda! ¡Qué coño es esto!” – maldije en voz alta.
Seguía sin encontrarle el significado. No tenía sentido.
Volví a la entrada. La calle estaba otra vez llena de zombis. De pronto un coche apareció arrollando a todos los resucitados a su paso. Se detuvo frente a la entrada a pocos metros de mí.
– “¿Te llevo a algún sitio?” – preguntó Ivy divertida.
– “Llévame donde tu quieras preciosa” – contesté mientras entraba en el coche apresuradamente.
El coche aceleró tan pronto como cerré la puerta.
– “Un momento, tengo que volver al coche patrulla…” – recordé en ese momento.
– “Creo que el Cholo ya se ha encargado de eso” – me corrigió Ivy.
– “¿Cómo?” – no entendía.
– “No te preocupes” – me sonrió la tiradora.
Nos estábamos acercando a una esquina. El coche patrulla estaba allí, esperándonos, con el Cholo en su interior. Ivy se detuvo junto a él.
– “¿Habéis descubierto algo?” – preguntó Ivy.
– “Todos los edificios con corriente tienen los cables enterrados” – dije frustrada.
– “Sí, yo encontré lo mismo” – añadió el Cholo.
– “¿Entonces? No creo que la central eléctrica este bajo tierra” – no lo acababa de entender.
– “No, la central no. Pero todos los cables que van hacía ella sí” – Ivy siempre certera y letal, hasta en sus comentarios.
– “Antes ví una entrada de metro” – dijo el Cholo – “Tal vez encontremos los cables de las casas bajo tierra” – me sorprendió por la agudeza tan simple de comentario.
– “Tal vez el cableado de la ciudad siga el mismo trayecto que los vagones” – añadió Ivy – “Podríamos seguir los cables hasta su origen” – No me pareció una idea descabellada.
– “Muy bien. Vayamos al metro” – dije convencida.
– “Te sigo” – le dijo Ivy al latino mientras pisaba el acelerador.
Subimos por la calle y giramos un par de veces.
– “¿Seguro que sabe a dónde va?” – le pregunté a Ivy en tono de broma.
Ella no contestó nada. Como si me estuviera escuchando, el Cholo detuvo el vehículo junto a unas escaleras que descendían al interior del metro. Ivy aparcó junto a él y bajamos del coche. Marvin se estaba recuperando.
– “Tuviste mucha suerte” – le dije.
– “Sí,” – respondió – “parece que Dios no me ha abandonado todavía.”
– “Esperemos que también nos acompañe bajo tierra” – añadió Ivy.
Empezamos a bajar las escaleras y nos envolvió la oscuridad…
 
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